Dos generaciones andando hacia la misma meta

Por: Jimmer Prieto

La vida me ha brindado multitud de ratos agradables. Muchos de ellos los he vivido trabajando para los hijos de los latinos, desde el área de la enseñanza. Otros más han venido con la oportunidad de servir a la comunidad, desde el área de la comunicación, a través de El Puente. Uno de los momentos más gratos ha sido el haber podido presenciar hace algunos días, justo el pasado 23 de febrero, la jornada de pasaportes a nuevos ciudadanos, ofrecida por la oficina de correos de Goshen, Indiana.

Y digo que fue una de las experiencias más satisfactorias que jamás haya vivido porque allí se conjugaron una serie de factores: Por un lado, los niños cuyos padres estaban haciendo fila para llenar los formularios del pasaporte son los mismos niños que desde hace 16 años, cuando el periódico inició, hemos venido fotografiando y publicando en nuestra columna “El seleccionado del mes”. Dicha columna, —tal vez la más antigua del periódico—, se creó con el objetivo de ser un testimonio vivo de la presencia latina en el área, donde los seleccionados venían a ser como el símbolo de las semillas tenaces de la nueva generación que crecería en los Estados Unidos, libre de las múltiples presiones de la legalidad, y con pleno derecho para desarrollar sus talentos y capacidades como cualquier ciudadano normal. Año tras año en la vida de El Puente y edición tras edición hemos publicado, al menos una foto de un niño, hijo o hija de matrimonios latinos o mixtos, nacidos aquí. Estos niños y niñas están inevitablemente creciendo. Sus padres continúan viviendo en esta área o han cambiado su residencia a otro estado, y ellos ya van a la escuela y se mueven de igual a igual con los demás niños de su generación.

Ese sábado por la mañana presencié en la oficina de correos una larga fila de inmigrantes empeñados en obtener el pasaporte de sus hijos. Me acerqué y platiqué alegremente con algunos de ellos y confirmé, para colmo de mi gozo, que varios de ellos a su vez habían pasado por las escuelas de Goshen e incluso habían sido estudiantes míos, hace 10 o 15 años atrás.

En esta larga jornada por la libertad y el derecho, no siempre se da la ocasión de ver dos generaciones reunidas andando hacia la misma meta. Yo tuve el privilegio de verlas hace dos semanas, razón por la cual quería compartirlo con tantas familias valientes, conocidas de toda una vida; trabajadores incansables, cuyo sacrificio sostenido ahora empieza a verse compensado en el fruto de unos hijos que jamás repetirán el modelo de ser víctimas de opresión, debido a la ausencia de un título escolar y del escaso dominio del idioma extranjero.

Vaya pues mi voz de aliento a los hogares de cada uno de ellos, en estos momentos de angustia en que, aunque maltratados, no estamos vencidos. Muy pronto, el sacrificio de sus vidas entregadas de pie en las largas jornadas de trabajo será por fin reconocido, valorado y consignado en la historia de este país.