La gente se está quejando acerca de la economía, pero a la vez parece decidida a luchar; tal vez todo esto está relacionado con la llegada de la primavera, pues súbitamente hay anuncios en todas partes invitando a gastar, a invertir y a avanzar. Pero, cómo vamos a luchar?

Parece que el tono ha sido premeditadamente establecido por el gobierno, que desea que gastemos los dineros prometidos a los contribuyentes, y en la medida que salen a gastar se estimula la economía.

De alguna forma, no logro entender la economía moderna. A nivel individual la razón me dice que si estoy sumido en deudas, debo gastar menos y producir más. A nivel nacional, no funciona así. Ellos fabrican toneladas de billetes, los envían a las personas y les invitan a gastarlo todo, aunque se sigan ahogando en deudas.

Pero además esto se aplica no solo a la economía sino al desempeño social. Si un individuo hace algo malo, el/ella se supone que debe admitir su error, enfrentar las consecuencias y hacer una restitución. Una vez más las reglas son para los individuos y no para la administración. Cuando el gobierno comete faltas contra otro país, no solo no lo admite sino que continúa peleando en contra; no hay restitución y la historia del inicio, desarrollo y continuación del problema es totalmente cambiado para acomodar los propósitos del gobierno.

Ignoro si este modelo que anima la violencia y recompensa la injusticia es lo que moralmente inspira a las generaciones más jóvenes o si en su rechazo, ellos deciden convertirse el apáticos a cualquier forma de colaboración, incluyendo el voto.

De otra parte, el público en general se convierte en una víctima tolerante; sin darse cuenta de su propio poder continúan siendo las víctimas voluntarias de cada ley, ordenanza, regla y actitud que aquellos en el poder ponen en su camino,

Hace unos días tuve el gusto de escuchar a Dolores Huerta, quien hablaba acerca del poder del pueblo. El poder aparece cuado se dan cuenta que analizando y trabajando juntos, una vez se organizan, nadie los detiene.

Si miramos esto en forma de cantidades matemáticas es así: en una granja, el hombre (1) que toma las decisiones acerca de qué sembrar, cuándo vender y a quién, es el que tiene el poder, porque la gente, —unos trescientos—, que son los que siembran, riegan, y cosechan, le han cedido su poder al administrador.

Así mismo ese (1) administrador puede decidir sembrar solo maíz y no dejar espacio para una huerta familiar, por eso cuando la temporada acabe los trabajadores tendran que seguir comprando en la tienda todo su alimento porque no ayudaron a planear la forma en que debía hacerse la siembra ni como administrarla.

Durante largo tiempo, los trabajadores en los Estados Unidos y muchos otros países no han podido decidir como se manejan los negocios.

Necesitamos que el poder del pueblo cambie el curso de la historia. Necesitamos que los activistas inviertan tiempo y dedicación enseñando y aprendiendo de la base popular. Podemos ver que el viejo modelo de hacer manifestaciones, llamadas y correos electrónicos no ha tenido efecto en la situación actual.

La guerra continúa, la economía sigue bajando y la gente aquí y en el exterior sigue teniendo una vida más dura. El dinero y el poder se concentran cada vez más en una pocas manos, no necesariamente en las manos de aquellos que realizan el trabajo.

El mensaje de Dolores nos dio un destello de esperanza; el mensaje de que muchas cosas pueden cambiar pero solo si los líderes tienen la voluntad de pasar más tiempo con el pueblo y menos en reuniones.