La Columna Vertebral • Luchas, mujeres y futuro

Por Luisa Fernanda Montero

Todos los días millones de mujeres en el mundo construyen la vida. Por eso, todos los días ha de celebrarse su gracia, su fuerza, su enorme capacidad de amar y esa mítica inteligencia que las hace poseedoras de aquel misterioso sexto sentido. Cada vez, ha de recordarse su laboriosa capacidad de ajuste y su determinación.

La lucha por el reconocimiento ha sido larga. Ya en la antigua Grecia, una mujer llamada Lisístrata empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra y, en la Revolución Francesa, las parisienses que pedían “libertad, igualdad y fraternidad” marcharon hacia Versalles para exigir el voto femenino. Las luchas que han llevado a la mujer a grandes reivindicaciones sociales son innumerables.

Alguna vez una mujer reclamó el derecho a la planificación, al voto. Alguna vez una mujer rechazó la discriminación y se declaró en igualdad con el género masculino y, cada una a su tiempo y todas a su modo, fueron construyendo un mundo más amable. Aquel mundo en el que falta mucho por construir pero que, de no ser por su valentía, carecería, por ejemplo, de políticas de planificación familiar, del derecho al voto, a la educación y al trabajo.

La lucha contra la discriminación ha escrito ya muchos de sus capítulos en los renglones de la historia pero aún quedan otros tantos pendientes.

En Estados Unidos, millones de mujeres inmigrantes sufren niveles de discriminación que atacan la decencia del género humano. En pleno siglo XXI, el país más rico, industrializado y poderoso del mundo, no ha logrado establecer las normas que les permitan a sus habitantes vivir en armonía con los principios de su fundación.

A pesar de ser una nación construida por inmigrantes, en cuya Constitución se reconoce los principios de igualdad, justicia y bienestar, Estados Unidos les niega a muchas mujeres inmigrantes el derecho a la igualdad laboral, permitiendo su explotación al no instituir las políticas migratorias que las protejan.

Miles de mujeres en este país sufren las consecuencias de la separación familiar como consecuencia de los procesos de deportación. Millones son víctimas silenciosas de maltrato y violencia familiar y muchas otras son discriminadas por su sola condición femenina, por su raza o por su idioma.

Son muchas las batallas ganadas, hay que celebrarlas. Son muchas las que quedan por pelear, hay que pelearlas.

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