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  • Edición impresa de Marzo 1, 2011

Pies saludables, zapatos adecuados

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Insisto, tenemos que encontrar el equilibrio. A veces las pequeñas cosas que son parte de nuestra cotidianidad tienen más importancia de la que les damos y, si no nos damos cuenta, podemos cometer errores graves que pueden causarnos muchas molestias y, algunas veces, mucho dolor.

Nuestros pies soportan día a día el peso de nuestro cuerpo; sin ellos no podríamos caminar, bailar y correr como lo hacemos. Sin embargo, muchas veces, a no ser de que nos hagan sufrir, nos olvidamos de ellos. Pero si empezamos a cuidarlos a tiempo, podemos llegar a la vejez sin tener que padecer las consecuencias de nuestro descuido.

Para protegerlos, una de las principales cosas que recomiendan los expertos es no caminar descalzos. Por eso, entre otras causas evidentes, los zapatos son los eternos compañeros de nuestros pies. Y, aunque a la hora de adquirirlos le demos prioridad al estilo, al color o a la moda (sobre todo las mujeres), debemos tener en cuenta ciertas recomendaciones para que nuestros zapatos cumplan el fin para el que fueron creados: proteger nuestros pies y facilitar nuestra movilidad.

Las mujeres suelen sufrir en los pies las consecuencias de una vanidad que se aferra a los tacones altos y a los zapatos con punta, pero los hombres no se quedan atrás: muchas veces hacen sacrificios varoniles por llevar puestos los zapatos de su predilección.

El problema es que los zapatos inadecuados pueden no sólo lastimar o generar molestias en la piel, sino deformar los pies definitivamente y crear juanetes, o afectar la columna vertebral y generar molestias en la espalda, la cadera o las rodillas.

Por eso, la próxima vez que vaya a comprar zapatos, piense que el zapato debe adaptarse a su pie y cumplir su función protectora, que a largo plazo, es mucho más importante que la estética.

Para empezar, no compre zapatos que le aprieten. No van a ceder. Las tallas son una referencia, pero varían de acuerdo al fabricante o el modelo, y además, el tamaño del pie cambia con el tiempo. Asegúrese de que sus dedos tengan espacio para moverse y mídase ambos zapatos.

A la hora de ir a la tienda, tómese el tiempo suficiente para comprar con calma y prefiera hacerlo en la noche, cuando sus pies tienden a estar inflamados. Si los compra en la mañana es posible que en la noche le aprieten. Un buen zapato debe ser flexible, debe doblarse igual que las articulaciones de sus dedos.

Los maravillosos tacones elevan la estatura y dan porte y elegancia, sí, pero también desplazan el peso del cuerpo hacia delante, aumentan la presión sobre los dedos y cambian los puntos de apoyo del pie resintiendo las articulaciones y causando juanetes. Si, además de altos, son estrechos, tanto peor. Los zapatos demasiado estrechos resienten el tendón de Aquiles, causan deformidades en los dedos, comprimen los nervios e interfieren la circulación.

Los expertos no recomiendan los zapatos de plástico o sandalias con tiras entre los dedos. Y si lo suyo son los tenis, asegúrese de que sean de su talla para evitar ampollas y procure que sean cómodos y estén hechos con materiales que dejen pasar la transpiración. Nunca los use sin medias y que estas sean de lana o algodón, que ayudan a mantener los pies secos.

No desestime las exigencias de sus pies: si tiene dolores o molestias, pídale a su médico que lo examine. Y recuerde: zapatos adecuados, pies saludables.

 

 


 

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