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  • Edición impresa de Marzo 15, 2011

rotatoria0311bEl viernes 11 de marzo de 2011 Japón fue impactado por un gran terremoto y el océano pacífico estremeció. La escala del movimiento sísmico fue de 8.9 grados Richter, lo que le ha convertido en uno de los peores terremotos del último siglo. Este ha sido 8,000 veces más fuerte que el que hace un mes destruyó Christchurch, una de las principales ciudades de Nueva Zelandia.

La potencia del sismo nipón equivale a la de 240 millones de toneladas de TNT. Esta magnitud es mayor que la de los terremotos que sacudieron a México en 1985 y a Perú en 2007, cuya explosividad varía alrededor de los 6 millones de toneladas de TNT y también supera, aunque levemente en intensidad, al de Chile 2010.

El terremoto más asesino que han tenido las Américas fue el de Haití 2010, el cual, si bien “solo” tuvo una detonación equivalente a 199 toneladas de TNT, logró acabar con más de 220 mil vidas en el Caribe.

Los terremotos más poderosos que se han dado recientemente han sido los de Chile 1960, Alaska 1964 e Indonesia 2004, los cuales tuvieron una potencia similar a la de 270 millones de toneladas de TNT. El de Alaska mató 131 personas y el de Chile (que tuvo el peor sismo registrado del mundo) tuvo unos 2 mil muertos y 2 millones de damnificados.

A pesar de no existir una relación directa entre la intensidad del movimiento telúrico y el número de víctimas, los sismos impactan más cuando más cerca se dan de lugares muy poblados y si además éstos no están preparados para tanta calamidad (como pasó con Haití devastada por la miseria y la inestabilidad), las consecuencias son catastróficas.

Lo que genera los grandes sismos son los choques que se dan entre las placas tectónicas de la Tierra. Paradójicamente, muchas grandes urbes se encuentran en zonas donde se dan estos roces, precisamente, porque dichos movimientos son los responsables de crear muchas tierras fértiles.

El maremoto generado por el sismo nipón produjo olas que viajaron a unos 650 kilómetros por hora, las cuales, al llegar a mares menos profundos disminuyen en velocidad pero suelen crecer en altura. Llegando a producirse olas de 10 metros de altura promedio que llegarían a costas contiguas al epicentro.

Han sido cientos de decesos en Japón, aunque el número de víctimas en ese país es menor al que se considera hubiese dejado una tragedia de las mismas magnitudes en otras latitudes debido a que esta nación ha invertido mucho en tecnología e infraestructura antisísmica.

Los sismos son inevitables y lo único que nos queda es avanzar en tecnologías que nos permita predecirlos o en construir edificaciones antisísmicas.

 

 


 

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