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  • Edición impresa de Marzo 20, 2012

Pemex 2.0

Por Glenn Holland

Imagínate que tu empleo no te paga lo suficiente como para pagar tus gastos y que en el futuro se van a incrementar exponencialmente. Un día te das cuenta que enterrado en el patio trasero de la casa hay 10 millones de dólares en oro. La mala noticia es que se encuentra tan profundo que no posees la tecnología para alcanzarlo. Tu vecino sí la tiene y quiere ayudarte por un porcentaje mínimo, pero no lo aceptas porque según tu filosofía ese oro es tuyo y de nadie más, así que se queda enterrado allí. Esta era la historia de Petróleos Mexicanos (Pemex) durante 70 años.

Nacionalizado en 1938, esta petrolera estatal se convirtió en una de las 10 petroleras más productivas del mundo, creó una de las economías nacionales más ricas del mundo y hoy aporta cerca del 40% de los ingresos en el presupuesto federal mexicano. Sin embargo, este monopolio también ha sido una fuente de flagrante administración corrupta y triste ineficiencia industrial.

El escándalo Pemexgate del 2000 comenzó cuando 500 millones de pesos fueron retirados de una cuenta del sindicato de Pemex. Uno de los involucrados, Carlos Romero Deschamps, sigue hoy al frente del sindicato. Es sólo uno de muchísimos ejemplos en que miles de millones han desaparecido de las arcas de Pemex por motivos cuestionables y castigo débil.

La ineficiencia industrial se demuestra en el pobre estado de sus oleoductos. Entre 1993 y 2007 contribuyeron con 7,279 accidentes—entre derrames, fugas y explosiones. Si no fueron accidentes ecológicos caros, eran tomas clandestinas en los ductos que siguen chupando cerca de 3,000 millones de dólares anuales de los cofres de Pemex.

Pemex tampoco cuenta con las refinerías suficientes para transformar en gasolina el petróleo que extrae, así que de cada 10 galones de gasolina que se consumen en México, cuatro son refinados en el extranjero.

Otro grave problema ha sido asegurar las reservas del país ante el espectro imponente de tener pozos secos y arcas federales vacías dentro de diez años. Durante décadas Pemex sabía de yacimientos vastos en aguas profundas, pero no gozaba de la tecnología necesaria ya que la Constitución mexicana no permitía la colaboración extranjera; inversiones estratégicas de largo plazo se estancaron.

La polémica Reforma Energética del 2008 se ratificó para tratar de restituir reservas, revertir la caída en la producción de crudo y mantener la producción de gas natural. Inversión privada y colaboración extranjera han traído nueva tecnología y mayor presupuesto a Pemex. Con inversiones privadas de alrededor de 15 mil millones de pesos, la producción de hidrocarburos en México se ha estabilizado en los últimos dos años mientras la tasa de reposición de reservas se ha disparado a 100%.

A pesar de tener poca vigencia, la Reforma Energética parece estar creando una nueva cultura para Pemex. Aún hay serios problemas que resolver y sería fácil criticarlos desde varios ángulos como es de costumbre en los medios masivos, pero a largo plazo Pemex tiene la oportunidad de convertir su país en un gigante económico si continúa esta nueva cultura de cerrar los cristales de su coche y excavar el oro en su patio trasero. Cómo el gobierno federal invierta la nueva riqueza va a ser otro asunto para discutir.

 


 

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