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  • Edición impresa de Marzo 19, 2013

IRCA suena a mala palabra. La última amnistía promulgada en 1986 por el presidente republicano, Ronald Reagan, se recuerda siempre por lo negativo, sobre todo la falta de mecanismos de seguridad en la frontera y en los centros de trabajo. Sin efectivas sanciones, los empleadores siguieron burlando leyes y contratando indocumentados.

De legalizar a casi tres millones con la amnistía de 1986, ahora se defiende un plan de reforma migratoria para ofrecer una vía de ciudadanía ganada para 11 millones de indocumentados.

Jeb Bush, ex gobernador de Florida, argumenta que 60% de los inmigrantes que se beneficiaron de esa amnistía de 1986 no se hicieron ciudadanos y que por lo tanto, ahora en 2013 no sería necesario conceder una vía a la ciudadanía para los inmigrantes. Bush no dice nada de quienes sí se hicieron ciudadanos.

IRCA pasó a emplearse como una mala palabra pero rara vez se reporta lo positivo de la amnistía de 1986. Las historias de éxito logradas gracias a esa amnistía han beneficiado a familias, comunidades y al país.

Trabajo con una de esas historias de éxito.

La familia de mi colega María Ponce se regularizó gracias a la amnistía de 1986. La familia, los padres y sus seis hijos, llegaron de Mascota, Jalisco,  a Santa María, California en 1989. IRCA legalizó a quienes llegaron a Estados Unidos antes de 1982 y a quienes laboraban en los campos agrícolas, como los padres de María.

Ella narra cómo su padre era trabajador agrícola por temporadas mientras la familia permanecía en Mascota.  Con el paso de los años, juntaron todos sus ahorros y decidieron que era mejor radicarse de este lado para dar a los hijos mayores oportunidades educativas. También recuerda cómo se regularizaron gracias a IRCA y eventualmente se integraron como ciudadanos de este país.

Los padres de María levantaron seis hijos que ahora son profesionales.  María es una de esas profesionales y ahora lucha para que otros inmigrantes tengan las mismas oportunidades.

¿Qué significó IRCA para María?

“Significó una gran oportunidad de seguir adelante y a la misma vez una gran responsabilidad de trabajar más duro para alcanzar mis metas. Significó un orgullo inmenso para mis padres. Significó que con mucho sacrificio y trabajo se consiguen las cosas. Y por eso, siempre estaré muy agradecida con este país”, señala María.

Las condiciones actuales no son las de 1986. Si siguieron llegando más inmigrantes ha sido por un quebrantado e hipócrita sistema migratorio que protegió a los empleadores cuando contrataban indocumentados con bajos salarios y sin protecciones. Pero un buen día, todos se percataron de que ya no eran tres millones sino once, de que esos trabajadores indocumentados eran mayormente hispanos. Y esos inmigrantes que contribuyen a la economía con su trabajo y el pago de diversos impuestos han servido de chivos expiatorios en momentos de crisis y de vacas flacas, o cuando es efectivo explotarlos para fines político partidistas.

IRCA no es una mala palabra. Fue la solución al problema de otra época, de 1986, que no aplica al problema de 2013, pero que debe servir de recordatorio de que no todo estuvo mal con la amnistía de 1986. María y su familia son vivo ejemplo de que la vituperada ley también produjo historias de éxito.

 

 


 

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