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  • Edición impresa de Marzo 4, 2014

Intoxicación tecnológica

Según Eric Berne, las personas que no se concentran de manera plena e intensa en lo que les rodea están más muertas que vivas.  Las tecnologías distraen y distancian a las personas de la realidad. Aunque suponen un progreso y  beneficio para la comodidad y eficiencia de la sociedad, como cualquier otro avance, han producido un retroceso. Hoy, la  tecnología ocupa un lugar en el ámbito de las relaciones humanas, y son ellas las que se han visto afectadas por esta regresión.

La adicción a Internet o “la depresión de Facebook” son algunos de los trastornos psicológicos ligados a la tecnología.

Aunque carezca de las sustancias que componen una droga, Internet conlleva también síntomas y reacciones que afectan a las personas adictas. Un estudio realizado por psicólogos clínicos explica las similitudes del uso excesivo de Internet y otras adicciones: “Este tipo de conductas repetitivas tiene en común que resultan placenteras en la primera fase, pero después no pueden ser controladas por el sujeto. El sujeto acabará efectuando dicha conducta, ya no tanto por la búsqueda de gratificación sino por reducir el nivel de ansiedad que les produce el hecho de no realizarla”.

Las redes sociales tienen otras repercusiones. La “depresión de Facebook” se refiere al cambio negativo que experimenta el estado de ánimo de una persona al comparar sus vidas con las del resto o al comprobar que tienen numerosas relaciones sociales en Facebook pero no en la vida real. Al miedo y angustia de perderse lo que está pasando se le llama “fear of missing out”.

Sin embargo, quizás el síntoma más extendido hoy es el catalogado como “phubbing”, que consiste en el acto de menospreciar a una persona, prestándole menos atención que a un móvil u otros aparatos electrónicos.

De este modo, se le está otorgando a la tecnología  el poder  de establecer  impersonalidad en las relaciones sociales. El tesoro del acto comunicativo reside en los  gestos y miradas que acompañan a las palabras  y enriquecen las conversaciones. Para evitar que la comunicación verbal y la intensidad en las relaciones se pierdan, se debe hacer un buen uso de las tecnologías. Así quizás podamos evitar  que se cumpla la predicción que formuló Albert Einstein: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo sólo tendrá una generación de idiotas”.

 


 

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