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  • Edición impresa de Marzo 4, 2014

Reforma Migratoria: nadando entre dos aguas

WASHINGTON, DC – El debate migratorio se suscita entre las divisiones republicanas sobre cómo abordarlo y el dilema que encara la Casa Blanca ante los pedidos de un freno a las deportaciones y alivio administrativo, en caso de que no se concrete la requerida solución legislativa permanente.

La cautela de ambos bandos ha resultado en un impasse donde todo parece ocurrir en cámara lenta.

Los republicanos que han “evolucionado” en su visión de la reforma no pasan de las palabras.

Dos de esos son Eric Cantor, congresista republicano de Virginia y líder de la mayoría republicana de la Cámara Baja, y Paul Ryan, republicano de Wisconsin y ex aspirante vicepresidencial en la mancuerna Romney-Ryan en 2012.

De oponerse a la reforma, Cantor propone conceder una vía a la ciudadanía para los DREAMers que no ha pasado de propuesta.

Repite como un papagayo la excusa republicana: el pueblo no confía en que Barack Obama aplique las leyes debidamente y por eso no hay que aprobar una reforma migratoria. También repite el oscuro pronóstico de que es improbable que este año haya reforma.

Ryan era el encargado de buscar el punto medio entre la petición demócrata de vía a la ciudadanía y el reclamo republicano de legalización sin ciudadanía; pero, de momento, no tuvo éxito.

Por experiencia propia Ryan entiende que la reforma migratoria es necesaria para que su Partido Republicano compita por el  voto latino.

Pero ni siquiera la urgencia de competir por el  voto latino en 2016 mueve a los republicanos.

La Casa Blanca y los demócratas mantienen un bajo perfil en culpar a los republicanos del estancamiento.

Es que mientras pulule la posibilidad de una solución legislativa, menos presión habrá –creen– sobre Obama para que conceda un alivio administrativo a los indocumentados, similar a la Acción Diferida o DACA de los DREAMers.

Empero, ya se siente la presión de muchas organizaciones sobre Obama que está a punto de llegar a dos millones de deportaciones bajo su mandato.

Los votantes latinos  que apoyan la reforma entienden la dinámica.

Felipe Marroquín es un ciudadano estadounidense originario de Guatemala que lleva 24 años residiendo en Estados Unidos. Vive en Virginia. Su esposa, también guatemalteca, fue deportada hace casi dos años. Tienen dos hijas ciudadanas de 23 y 19 años de edad. Marroquín se hizo ciudadano en 2008 pero no votó porque “estaba indeciso”. En 2012  lo hizo por Obama.

La situación de Marroquín envía un claro mensaje a los dos partidos de cara a las elecciones de 2016: los republicanos, de no impulsar la reforma, no serán una opción para los votantes latinos que necesitan para ganar la Casa Blanca; y los demócratas, como ocurrió en 2012 antes de que Obama concediera el DACA, pueden enfrentar la apatía de los votantes latinos, especialmente si no hay algún tipo de alivio en ausencia de legislación.

Marroquín tiene claro que si las elecciones fueran hoy votaría por los demócratas, pero habría más motivación, dice, si Obama concede algún alivio si no hay reforma por la vía legislativa. “Me imagino que (Obama) tiene la potestad y el poder de parar las deportaciones o de hacer algo, como dar un permiso de trabajo, si es que no hay ninguna reforma”, opinó.

Después de todo –recordó- en 2016 los votantes latinos como él, ahora esperando entre dos aguas, pasarán factura.

 


 

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