La escuela pequeña

Erase una vez un pueblo que tenía una escuela tan pequeña, tan pequeña, que solo cabían la maestra y un niño, si era de los más pequeños.

Y, claro está, como solo podían ir de uno en uno, estaba media hora cada niño; entretanto, los demás jugaban a correr, a perseguirse por el campo y a subirse por los árboles. Un día, el señor alcalde decidió que había que construir una escuela grande para que pudieran ir todos los niños al mismo tiempo, como ocurría en los demás pueblos.

Pero los niños, que estaban encariñados con aquella escuela tan chiquita le pidieron que no construyera ninguna escuela nueva, que ellos preferían la pequeña, que pasaban jugando en el bosque y que ya estudiarían más de prisa para compensar los ratos que pasaban jugando.

Y el alcalde, que también sentía cariño por la escuela del pueblo, dijo que de acuerdo, pero hizo distribuir mesas y sillas por todo el bosque para que los niños pudieran hacer los trabajos que les encargaba la maestra.

Y aquel pueblo tuvo, desde entonces, la escuela más pequeña y la escuela más grande del mundo.

Enric Larreula