A pesar de todo…

estalló la guerra

Por: Jimmer Prieto

A pesar de ... las manifestaciones masivas en el mundo entero en contra de un ataque a Irak, la gestión incansable de las Naciones Unidas por evitar el conflicto armado,la fuerte oposición en el congreso y el senado alertando sobre la gravedad de esta guerra, las múltiples expresiones de rechazo por parte de pacifistas, gente de iglesia y civiles estadinenses;

el gobierno de los Estados Unidos de América, encabezado por George W. Bush ha atacado a Irak, nación árabe considerada cuna de la humanidad, según los relatos del Génesis.

Las bombas y misiles de alta precisión se han ensañado sobre la ciudad de Bagdad sembrando por doquier el caos, la destrucción y la muerte.

Muerte de civiles inocentes, como se había previsto.

Muerte de niños, masacre de familias de diario trabajo, que también anhelaban la paz como nosotros.

Hambre en las entrañas, cuerpos desmembrados por las calles, desfile interminable de refugiados a pie. Humo de las explosiones saliendo de los edificios como grandes chimeneas negras, pánico ante el ruido de aviones, obscuridad, llanto y terror.

Tal como se había anunciado y a pesar de todos los esfuerzos para evitarlo, estalló la guerra.

Cuáles son los intereses del gobierno de los Estados Unidos para adelantar esta guerra, a pesar de tanta oposición?

Petróleo? Venganza por los acontecimientos del 11 de septiembre? Una nueva distribución de la riqueza impulsada por la ola insana de la globalización? La revelación de una nueva figura imperialista que pretende gobernar a las naciones en el siglo 21?

Muy fuertes han de ser para haber ignorado el rechazo de tantos gobiernos, desoído la voz de millones fuera y dentro del país, y pasado por encima de la autoridad de las Naciones Unidas, único árbitro legalmente esta-blecido, que hubiera podido detenerla.

Las características de esta guerra son únicas en la historia por la doble moral que acompaña cada una de sus acciones: Es una guerra sin opositor, programada de antemano, calculada para el negocio de la construcción después de la destrucción. Es la primera guerra de la historia en la que junto con los tanques y los soldados, se han enviado 500 periodistas para cubrir el evento, como si se tratara de un espectáculo nacional.

Antes que el consejo de seguridad de las Naciones Unidas diera su voto, ya había cien mil soldados moviéndose hacia el medio oriente para cercar el país.

Antes que los inspectores de armas biológicas dieran su informe, ya estaba calculado el cruel bombardeo sobre Bagdad y varias empresas multinacionales habían licitado para la reconstrucción de edificios, puentes y carreteras. Ante los ojos de millones de televidentes americanos han desfilado las imágenes de lo que sucede, mostrando un solo lado del conflicto y causando una suerte de alucinación colectiva.

Pero la verdad nunca deja de ser, a pesar de verse desfigurada transitoriamente por el efecto de la manipulación oficial.

La semana pasada tuve la oportunidad de ver un programa de opinión, a través de un canal por cable. Aquella noche escuché la opinión muy sincera de decenas de individuos, ciudadanos de este país, acerca del conflicto. La gran mayoría estaba en desacuerdo. Este programa fue como un rayo de esperanza. Me afirmó en la fortaleza espiritual del pueblo norteamericano y en la convicción de que los medios de comunicación no lo cuentan todo.

El terror causado por los Estados Unidos a 20 millones de iraquíes es mucho mayor que el terrorismo que pretenden combatir con esta guerra.

Se puede predecir sin ningún esfuerzo que esta agresión no va a parar el terrorismo mundial.

Por el contrario, va a agudizar el odio y el resentimiento de los países árabes sobre los Estados Unidos, a radicalizar el repudio de pueblos, muchedumbres y naciones del mundo hacia el gobierno de los Estados Unidos,

y por supuesto, a generar más muerte, destrucción y terror, tanto fuera como dentro de los Estados Unidos.

Varias veces me he preguntado si existe algún lado positivo de esta guerra.

Y aunque en las condiciones menos deseables, hay que admitir que este geno-cidio programado está ayudando a despertar la conciencia del pueblo de los Estados Unidos en torno a su gobierno y a la pésima reputación que arrastra entre los países del planeta. Esta dolorosa lección para el pueblo estadinense, que es un pueblo básicamente honesto, habrá de contribuir a despertarlo de su largo sueño y fortalecerlo en sus valores.

De otra parte, con la crueldad psicológica con que se ha diseñado, esta guerra está ayudando a esbozar una conciencia de la humanidad en torno a la paz y el rechazo a la violencia. Con la alta tecnología de los medios de comunicación, que se han encargado de presentarla como un juego de nintendo, se está convirtiendo, -irónicamente-, en un gran maestro que enseña masivamente lo horrible de destruir y matar.

Tal vez ese maestro es el Espíritu, quien nos confronta con nuestra propia incapacidad para construir la paz, nos revela las intenciones de nuestro corazón y nos hace clamar desde lo más hondo de nuestra alma,

Dios, ten misericordia!