Se impone la fuerza sobre la diplomacia

“El juego terminó” decía en Nueva York el único representante del gobierno de Saddam Hussein, Mohamed Al-Douri, el embajador de Irak ante Naciones Unidas. Reaccionaba así a lo que consideró el fin de una guerra que desafió al rechazo mundial, que socavó los principios de la ONU, que asesinó a un incontable número de civiles inocentes.

En sólo tres semanas se demostró que la fuerza se impuso sobre la diplomacia para derrocar a los regímenes considerados peligrosos o enemigos. Sin la fiera y cruenta batalla final que se temía y con decenas de tanques estadounidenses y británicos que avanzaban sin problemas sobre el centro de Bagdad, el gobierno de Hussein fue finalmente ejecutado... simbólicamente.