Nueva forma de llamar a los Mercenarios: “contratistas”

"¿Necesita un Ejército? Levante el teléfono y llame". Es una frase de Barry Yeoman, experto invitado por The New York Times para comentar la trágica emboscada de cuatro contratistas estadounidenses la semana pasada en Faluya, Irak. Si bien parece fuera de contexto, está muy cerca de la realidad.

De una década para acá, pero especialmente ahora, el uso de ejércitos privados, que sirven de soporte a las operaciones militares de E.U. en distintos rincones del mundo, es casi una constante. En Irak, para citar el ejemplo más próximo, se estima que hay unos 10 mil de estos contratistas. Es decir, uno por cada 10 marines estadounidenses en la zona de conflicto es un "soldado a sueldo". Una proporción enorme si se tiene en cuenta que Gran Bretaña, el país que más aporta hombres a la "coalición" después de E.U., no alcanza los 9.000.

Su función específica en este país, como en otros, es a veces un misterio. En el caso de Faluya, se supone que estaban escoltando un convoy de comida. Sin embargo, un artículo de la revista Time lo pone en duda, tras citar una fuente del Pentágono según la cual el cargamento lo componían "artículos varios".

En Estados Unidos hay por lo menos 30 compañías que se dedican al negocio. Algunas, como el caso de Blackwater USA ­de la que formaban parte los asesinados en Faluya­, se especializan en contraterrorismo y combate urbanos. Otros ­Halliburton o Dyncorp­ funcionan más en el área de inteligencia o entrenamiento militar.

El negocio, en cualquier caso, es redondo. Por siete días de trabajo, la factura que se pasa por cada uno de estos contratistas puede alcanzar los 15. 000 dólares. En un libro reciente, Peter Singer, del Brookings Institution, decía que al año la industria de este servicio se empaca unos 100.000 millones de dólares. Para hacerlo imaginable: 200 veces lo que le cuesta anualmente a E.U. su inversión en el Plan Colombia.

Aunque los contratistas, a veces llamados 'mercenarios', vienen rondando el planeta desde la década de los 70, fue en la administración de George Bush padre, cuando realmente comenzaron a florecer. En ese entonces, primera Guerra del Golfo Pérsico, se adjudicó un contrato de US$ 9.000 millones a Brown Root, subsidiaria de Halliburton, para que "complementara" las funciones de los militares de E.U. en Irak.

Desde entonces ha sido como una bola de nieve. En años recientes han prestado sus servicios en Liberia, Pakistán, Ruanda y Bosnia. Construyeron los centros de detención para los guerreros talibanes y de Al Qaeda en Guantánamo (Cuba), sirven de protección personal al presidente de Afganistán, Hamid Karzai, y juegan un rol central en la guerra contra las drogas en América Latina.

Hoy, firmas como Blackwater USA, se han constituido en emporios. Su base de entrenamiento, en Carolina del Sur, comprende un terreno de 1.000 hectáreas de bosques y sabanas donde se practican y enseñan las artes de guerra. Su tecnología es tan sofisticada que muchos soldados de E.U. son enviados allí para especializarse.