TU CARNE

 

Está tu carne de ágata y de rosa

donde el sol con la nieve se combina

dotada de una luz casi divina,

casi extrahumana y casi milagrosa.

 

Tiene ideal traslucidez preciosa

que cual racimo de oro te ilumina,

y en tu cutis de leche se adivina

sangre de fresas pura y ruborosa.

 

Tu seno en flor de redondez de astro,

es una clara piedra de alabastro

que deja ver transparentarse el día.

 

Como a santo cristal sin mancha alguna

a él asomé para mirar la luna,

e igual que tras de un ámbar la veía.

 

Salvador Rueda