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Vida cotidiana Por José Carlos García Fajardo El discípulo preguntó al Maestro: Señor, ¿dónde está la Verdad? En la vida cotidiana, en los actos más simples de cada día. Pero yo, en mi vida diaria, no veo verdad alguna. Todo es rutina, respondió el discípulo. Esa es la diferencia, explicó amable el Maestro, que unos la ven y otros no. ¿Cómo podría hacer?, suplicó honestamente el joven. ¿Se trata de estudiar más los libros sagrados, de meditar más y de sacrificarse? En modo alguno, respondió el Maestro. Se trata de mirar más allá de las apariencias, de descubrir lo esencial que palpita en lo sublime y en lo rutinario, en lo asombroso y en lo cotidiano. ¡Ayúdame!, volvió a implorar el joven que tenía la cabeza demasiado amueblada. Todo lo que hagas, despierto o dormido, forma parte de una Unidad eterna en la que vivimos, nos movemos y somos. Tú, cuando comas, come; cuando bebas, bebe; cuando duermas, duerme. ¡Ya lo hago, Maestro! No. Tú cuando tienes hambre, comes; cuando tienes sed, bebes; cuando tienes sueño, duermes. ¿Y tú, Maestro? Yo cuando como, como; cuando bebo, bebo y cuando duermo, duermo. Haz cada cosa como si fuera única, porque es única. Y en esa concentración y simplicidad reside toda la sabiduría. Algo más?... ¡Nada más!, repuso sonriendo el discípulo. | ||