AMOR

Primavera feroz. Va mi ternura

por las más hondas venas derramada,

fresco hontanar, y furia desvelada,

que a extenuante pasmo se apresura.

Oh, qué acechar, qué hervir, oh qué premura

de hallar, en la colina clausurada,

la llaga roja de la cueva helada,

y su cura más dulce, en la locura.

Monstruo fugaz, espanto en mi vida,

rayo sin luz, oh tú, mi primavera,

mi alimaña feroz, mi arcángel fuerte.

¿Hacia qué hondón sombrío me convida,

desplegada y astral, tu cabellera?

¡Amor, amor, principio de la muerte!

 

No sé. Sólo me llega, en el venero

de tus ojos, la lóbrega noticia

de Dios: sólo en tus labios, la caricia

de un mundo en mies, de un celestial granero.

¿Eres limpio cristal, o ventisquero

destructor? No, no sé... De esta delicia,

yo sólo sé su cósmica avaricia,

el sideral latir con que te quiero.

Yo no sé si eres muerte o eres vida,

si toco rosa en ti, si toco estrella,

si llamo a Dios o a ti cuando te llamo.

Junco en el agua o sorda piedra herida,

sólo sé que la tarde es ancha y bella,

sólo sé que soy hombre y que te amo.

 

DÁMASO ALONSO

 

 

¡Infeliz del que busca en la apariencia

la dicha, y en la efímera alabanza,

y muda de opinión con la mudanza

de la versátil, pública conciencia!

El presente es su sola providencia;

cede al soplo del viento que le lanza

al bien sin fe y al mal sin esperanza;

que en errar con el mundo está su ciencia.

¡Y feliz el varón independiente

que, libre de mundana servidumbre,

aspira entre dolor y pesadumbre

a la eterna verdad, no a la presente,

conociendo que el mundo y sus verdades

son sólo vanidad de vanidades!

 

JULIO ARBOLEDA