La diabetes es más que un problema usamericano

Por: Sonia Shah

La serie del New York Times sobre diabetes en la Ciudad de Nueva York de esta semana da mucha información sobre la silenciosa epidemia de enfermedades crónicas causada por nuestra cultura sedentaria, de comida basura. Pero la diabetes no es sólo un problema usamericano. También se propaga rápido al resto del mundo.

Pensamos en McDonald’s como si fuera un restaurante usamericano, pero de los cinco McDonald’s nuevos que abren sus puertas en todo el mundo cada día, cuatro están ubicados más allá de nuestras fronteras. Coca-Cola es la bebida usamericana por excelencia, pero esa compañía ha estado comprando licencias de agua en países pobres ­muchos de los cuales están todavía privados de agua potable segura­ donde venden gaseosas por menos del precio de un vaso de agua limpia. En África, el principal empleador no es una compañía minera o una firma agrícola, sino Coca-Cola.

Como ha mostrado ampliamente la serie del Times, nuestra salud sufre cuando nos basamos en comida basura y en bebidas azucaradas para mantenernos. Pero en sitios donde proliferan la desnutrición y la pobreza, las ramificaciones son aún más profundas.

En los países occidentales la transición de una penosa desnutrición a la actual cornucopia de comida basura ocurrió durante siglos, con el resultado feliz de que nuestras sociedades pudieron controlar enfermedades infecciosas propa-gadas por el hambre y la pobreza antes de enfrentar las enfermedades causadas por dietas ricas en calorías, incluyendo la diabetes, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares.

La diabetes y la enfermedad coronaria son epidémicas en India, que tiene la mayor concentración de enfermos de diabetes del Tipo II del mundo. En algunas áreas de África, hasta uno en cinco sufre de diabetes.

La era de los préstamos condicionados del FMI y del Banco Mundial, que impusieron el desmantelamiento de muchas infraestructuras sanitarias de países endeudados, tiene parte de la culpa. Los acuerdos de comercio global forjados durante los años noventa facilitaron el ingreso de fabricantes de gaseosas y de compañías de comida basura a los mercados emergentes del mundo en desarrollo.

En 2005, India, junto con otros países en desarrollo obligados a respetar los acuerdos de la OMC, fue obligada a reforzar sus laxas leyes sobre patentes, instituyendo en su lugar una protección por 20 años para patentes de productos farmacéuticos y otros.

Por estas y otras razones, cuando comenzamos a encarar el mortífero legado de comida basura y gaseosas hiper-vendidas en el país, deberíamos recordar que los problemas no terminan en el Burger King de la esquina. Hemos extendido los problemas más allá de nuestras fronteras, donde su efecto tiende a ser mucho peor.