¿Quién gobierna el mundo?

Por James Petras

Una gran cantidad de libros y artículos sobre globalización, corporaciones globales e imperio se ha publicado sin que exista la más mínima noción de la estructura real del poder mundial.

Casi el 48% de las empresas y bancos más importantes del mundo son de Estados Unidos y el 30% son de la Unión Europea; solamente el 10% pertenece a Japón. En otras palabras, casi el 90% de las corporaciones más grandes que dominan los sectores de la industria, los bancos y el comercio son estadounidenses, europeas y japonesas.

Cinco de los 10 bancos principales son estadounidenses, así como seis de las 10 empresas farmacéuticas y biotecnológicas, cuatro de las 10 compañías de gas y petróleo más importantes, nueve de las 10 compañías líderes de seguros y nueve de las 10 principales empresas generales de comercio al por menor.

El poder imperial estadounidense está diversificado a lo largo de varios sectores económicos, pero particularmente la fuerza dominante la tienen en las finanzas, la industria farmacéutica y biotecnológica, de la información y el software, y el comercio al por menor. Dicho de otra forma, las gigantescas compañías estadounidenses poseen una red poderosa que controla los sectores de la “nueva economía”, las finanzas y el comercio.

África y América Latina brillan por su ausencia en la lista. Y los llamados “tigres asiáticos” cuentan con tres empresas en la lista de las 500 más grandes: contribuyen con menos del 1%.

Ningún país del denominado “Tercer Mundo” puede darse el lujo de “liberalizar” sus mercados, ya que Europa y Estados Unidos se lo impiden debido al control que logran ejercer con la superioridad y concentración de sus recursos. Así pues, es falso el argumento liberal según el cual el libre comercio aumentará los niveles de “competitividad” de las economías en vías de desarrollo. En segundo lugar, la concentración del poder no es meramente producto de la eficiencia, la gestión y el know-how, sino que es resultado directo de las políticas estatales de Estados Unidos y Europa.

La concentración del poder económico mundial en las empresas y los bancos de Estados Unidos y, en menor medida, de la Unión Europea no significa que los mercados mundiales son competitivos, sino que en buena medida son definidos por los monopolios de ambos poderes que los “dominan”.

La idea del movimiento antiglobalización de que “otro mundo es posible” debe enfrentar esta monopolización del poder y los países imperiales que la defienden. La única manera de democratizar la globalización es socializar estos gigantes monopolios donde quiera que operen, o bien soportar la presión económica y las amenazas que tanto perjudican a las economías locales.

Si bien es cierto que el control imperialista de Estados Unidos es todavía una realidad, lo cierto es que los fundamentos de este poder son frágiles y se enmarcan en un orden mundial sumamente polarizado. La emergencia de movimientos anticapitalistas masivos y una caída del dólar pueden eventualmente provocar la caída del imperio.