Día Internacional del Agua El agua, un bien codiciado

Por José Carlos García Fajardo • CCS

Primero fue una lucha por el oro y otros minerales estratégicos. Después fue por el petróleo, el oro negro. Ahora, por el agua, el oro azul. Las guerras futuras tendrán lugar en Asia central y en otros lugares donde esos recursos siguen siendo abundantes y los gobiernos demasiado débiles para protegerlos, afirma Michael Klare, analista de la doctrina estratégica de EEUU. Pero sus efectos más apremiantes ya se dejan sentir en el Medio Oriente: el Jordán, que quieren controlar los israelíes, y el Éufrates y el Tigris donde EEUU mantiene una guerra desde hace cinco años para controlar Oriente Medio.

Klare, profesor de la Universidad de Hampshire, advierte que no sólo EEUU está inmerso en esos conflictos, sino que todas las potencias regionales desarrollan planes para aumentar su acceso a recursos vitales para la próxima generación.

La lucha por el agua dulce puede hacerse crítica en los próximos años en vastas áreas que se extienden desde el norte de África hasta Asia meridional. Hay estudios que demuestran que, en la misma Europa, se están comprando y privatizando todos los recursos hídricos.

Las cuencas fluviales donde la situación es más grave se encuentran en regiones donde el rápido crecimiento de la población presiona los recursos existentes y el calentamiento del planeta puede agravar las condiciones de sequía.

“Con el crecimiento de la población y el consiguiente aumento de la demanda de agua y alimentos, cada uno de los estados ribereños intentará utilizar al máximo los recursos disponibles”, afirma Klare. “Y cuando las acciones de uno de esos estados provoquen una disminución en el suministro de alguno de los otros, las condiciones estarán dadas para un conflicto por la distribución del agua”, añade.

Mesopotamia, “tierra entre ríos” con ricas tierras y enormes posibilidades de desarrollo, sufre una disminución del cauce del Éufrates y del Tigris. Pero ya nadie ignora que en Turquía se están construyendo unas presas formidables que forman parte de un plan maquiavélico para, llegada la ocasión, cortar el agua a uno de los países con mayores reservas de un petróleo vital para EEUU y la Unión Europea.

La guerra por el agua ya ha comenzado, aunque todavía sólo se hable de los hidrocarburos. Como resultado, los conflictos se trasladarán cada vez más a regiones con recursos naturales abundantes, que habían sido olvidadas durante la guerra fría.

El resultado, dice Klare, es una nueva geografía estratégica, definida por la concentración de recursos y no por las fronteras políticas. Los Estados no importan tanto como los intereses en esta ciega escalada de los poderes económicos sobre los sociales. Padecerán los seres humanos reducidos a meros recursos útiles para ser explotados.