El boicot olímpico visto desde China

Por: Daniel Méndez/CCS

Tras las violentas protestas de tibetanos en Lhasa y otras regiones de China, ha comenzado a tomar fuerza la idea de un boicot contra los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Su objetivo sería defender los derechos humanos en China, criticar a un gobierno que oprime a sus minorías y apostar por una mayor apertura del régimen de Pekín. Pero, ¿cómo son tomadas estas críticas por la población china?

Para empezar, los chinos se sorprenden de las campañas organizadas en contra de su gobierno. La inmensa mayoría de la población apoya las reformas de los últimos años, está contenta con los derechos que se van reconociendo y entusiasmada con la celebración de los Juegos Olímpicos.

En segundo lugar, los chinos se sienten incomprendidos. Los ciudadanos tienen la sensación de que Occidente no entiende una civilización como la suya, juzgada con demasiada severidad y a la que aplican una doble vara de medir. Los medios occidentales siempre describen una China peligrosa y amenazante, y nunca se habla de las mejoras que ha experimentado la población en los últimos 30 años. El doble rasero parece un principio editorial. Muchos se preguntan por qué Occidente guarda silencio ante Guantánamo o la Guerra de Iraq, o las políticas de países como Arabia Saudita, Israel o Pakistán, todos ellos con importantes lagunas en el respeto a los derechos humanos.

La amenaza de boicot a Pekín 2008 se ve en China como un intento por frenar el ascenso pacífico que el país ha protagonizado en las últimas décadas y una intromisión arrogante de los extranjeros en asuntos internos. El apoyo de la CIA a la causa tibetana hace pensar que la intención de Estados Unidos es debilitar al gigante asiático e impedir su ascenso.

Algunas ONG señalan que en China no existe la libertad de prensa, se practica la tortura en sus cárceles y hay un control férreo sobre las minorías; existen escasas garantías judiciales, se intenta impedir la libre circulación de los ciudadanos y es el país con mayor número de condenados a muerte del mundo.

Pero, ¿cuál es la visión desde China? Quien haya seguido la evolución de las últimas décadas constata que se van permitiendo mayores espacios de libertad y que el progreso es significativo. Aún queda un camino inmenso por recorrer, pero lo cierto es que China vive su mejor momento (económico, político y social) de los últimos 200 años.

Los Juegos Olímpicos son una oportunidad para que China acelere sus reformas sociales y políticas. Apostar por los derechos humanos hoy en China consiste en denunciar las injusticias cometidas y en presionar al Gobierno para que siga abriendo nuevos márgenes de libertad. Pero también en reconocer el camino andado en las últimas décadas, en abandonar el doble rasero occidental y en buscar canales de diálogo con las autoridades chinas. Por el bien de los derechos humanos, lo mejor que le puede pasar a China (y al mundo) es que la llama olímpica se encienda en Pekín el próximo 8 de agosto.