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  • Edición impresa de Abril 7, 2009.

Un ex soldado decidió que la guerra era injusta y se negó a regresar a Iraq

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SOUTH BEND- Camilo Mejía sabía que la guerra en Iraq estaba mal desde el momento en que fue trasladado para allá, pero le llevó tiempo obtener el valor para hablar públicamente en contra.

“No quería ser parte de lo que estábamos haciendo a los iraquíes y a nuestras propias tropas”, dijo Mejía ante una audiencia de cerca de 50 personas en Indiana University South Bend.

Mejía es un ex soldado que fue enjuiciado y pasó tiempo en la cárcel por negarse a regresar al campo de batalla en Iraq en el año 2003.

En la primera locación de Iraq donde estuvo Mejía junto con su unidad, les fue asignada la tarea de resguardar a unos prisioneros de una cárcel. La milicia de Estados Unidos no podía referirse al lugar como campamento de prisioneros de guerra, ya que no ofrecía tratamiento médico, entrenamiento y otros servicios que la ley internacional requiere para obtener el estatus de campamento, dijo.

Algunos prisioneros fueron torturados psicológicamente; se los obligaba a permanecer despiertos durante días, se los sometía continuamente a burlas y eran forzados a permanecer de pie en una pequeña celda durante horas. Esa experiencia determinó una transformación dentro de Mejía. El ex soldado dijo: “ya no me sentía a gusto a nivel moral o espiritual”.

Más tarde, su unidad fue asignada para instigar, a como diera lugar, encuentros armados con insurgentes porque los comandantes querían que sus unidades obtuvieran medallas de batalla.

“Ser un ocupador te cambia. Te conviertes en un agente que brutaliza un país”, dijo.

Mejía, de Miami, creció en Nicaragua y Costa Rica antes de trasladarse a Estados Unidos en 1994. Se enlistó en la milicia a los 19 años y prestó servicio activo como soldado de infantería en la armada durante tres años antes de transferirse a la Guardia Nacional de Florida.

Mejía era alumno de último año de la Universidad cuando de enteró de que su compromiso con los militares se extendería debido al comienzo de la guerra en Iraq. Dijo que en ese momento pasaba la mayoría de su tiempo libre en Starbucks, estudiando y preparándose para ejercer como psicólogo. En octubre de 2003, después de un descanso de dos semanas, se rehusó a regresar a su unidad. Dijo que había decidido que la guerra era injusta y solicitó su despido como objetor de conciencia.

Mejía pasó nueve meses en la cárcel, pero considera que fue una buena experiencia.

“Conocí a muchos personajes interesantes. Hacía mucho ejercicio y leía mucho”, dijo. “La cárcel fue un período maravilloso”.

 


 

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