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  • Edición impresa de Abril 6, 2010

• México del Norte • Difícil pero justa

A esta altura de la vida, el lector seguramente ya sabe del renovado ímpetu del movimiento por la reforma migratoria. El 21 de marzo marchamos en Washington DC unas 200 mil personas, a la hora en que el congreso seguía hecho bolas con la llamada reforma de salud. La marcha no estuvo nada mal, fue la primera vez que realmente se pudo organizar una marcha nacional en la capital del país que realmente valió la pena.

Como en todos estos eventos, tampoco estuvo todo bien. En algún momento se sospechó que el patrocinador no era la coordinadora de grupos que trabajan en la reforma migratoria sino Univisión, que gozó del “privilegio” (¿o sería el compromiso y la exclusiva?) de que se presentaran uno por uno a sus locutores radiales a nivel nacional.

Con todo y todo, el momento más importante podría haber sido el mensaje grabado de Barack Obama. Cuando todo el mundo lo suponía pegado a las discusiones en el Congreso para ver si se aprobaba la reforma de salud, Barack se dio el tiempo de grabar un videíto y mandarlo a los marchistas diciendo, como es típico en él, exactamente lo que querían oír: que apoya la reforma migratoria y que apoya la propuesta presentada por los senadores Schumer y Graham.

Y ahí esta lo malo de Obama.

Con tal de quedar bien con todo el mundo, dice cosas que no tienen mucho sentido.

Vamos a hacerle un poquito de historia, para que se acuerde. En 2006, en la Primavera del Inmigrante, marchamos en contra de la criminalización de los inmigrantes, en contra de la famosa HR4437, y a favor de una reforma migratoria justa, que legalizara a la gente que no tiene papeles.

De aquél entonces para acá han pasado muchas cosas, menos una reforma justa de inmigración.

Para empezar, dejó de ser “reforma justa” y se convirtió en “reforma integral” (que incluye cuestiones de seguridad nacional), o “comprensiva”, como le dicen los chicanitos que dirigen las organizaciones que trabajan en el tema.

Lo que presentan Graham y Schumer recupera la palabra “justa” en el cuarto punto de su propuesta.

Los primeros tres puntos insisten en lo que ya sabemos y que a nadie le hace gracia: reforzamiento de la vigilancia fronteriza; instauración de un sistema de verificación para todos los trabajadores en Estados Unidos, con medidas biométricas y demás, y un programa de braceros para los futuros inmigrantes.

Pero el cuarto punto llama la atención. Ahí es donde recuperan la palabrita perdida, diciendo que habrá un “proceso de legalización difícil pero justo”.

La legalización comienza con el requisito de “declararse culpable de haber violado la ley”. En otras palabras, comienza con la Sensenbrenner, la famosa HR4437 que tanto combatimos en 2006.

Después de declararse criminal, uno tiene que “pagar su deuda con la sociedad” a base de trabajo voluntario. Para continuar el proceso, hay que pagar multas, demostrar que se han pagado impuestos desde quien sabe cuándo, aún sin haber tenido número de Seguro Social, y hay que demostrar que se domina el idioma inglés.

Hecho todo lo anterior, uno ha ganado el derecho de “ponerse la final de la cola” para una legalización. La cola, como todos sabemos, nadie sabe dónde queda.

No sabemos mucho más de la plataforma del proyecto, porque no tiene muchos más detalles. Lo que si sabemos es que es francamente inaceptable. Si eso es lo que apoya Obama, tendremos que volver a las calles diciendo “no nos apoyes, compadre”.

 


 

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