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  • Edición impresa de Abril 19, 2011

El 7 de abril, Estados Unidos expulsó al embajador ecuatoriano como represalia por la expulsión de la embajadora estadounidense por parte del Ecuador. Ecuador declaró “persona non grata” a la embajadora estadounidense Heather Hodges y le pidió que saliera del país “lo más pronto posible,” después que un cable diplomático publicado por Wikileaks la mostró denigrando al presidente ecuatoriano Rafael Correa. En el cable ella alega que el Presidente Correa conocía la corrupción del ex jefe de la policía nacional.

Aunque el gobierno de Bush intervenía en los asuntos domésticos de países como Bolivia e incluso Brasil, era más pragmático en el sentido de que evitaba peleas innecesarias que distraían de su objetivo principal. El premio, por supuesto, era Venezuela – el sitio de las reservas de petróleo más grandes del mundo. Durante la última década el objetivo de Washington en Venezuela ha sido un cambio de régimen.

La raíz del tema no es el petróleo, ya que Venezuela aún le vende más de un millón de barriles por día a Estados Unidos y en todo caso existe un mercado internacional de petróleo. Cualquier país con tanto petróleo tendrá influencia regional y Washington simplemente no quiere tener que lidiar con alguien que tiene influencia regional y que no comparte sus objetivos regionales.

Pero Washington también está perdiendo en este ámbito. Una gran pérdida fue el cambio en la política exterior de Colombia cuando asumió el poder el presidente Juan Manuel Santos. Una parte importante de la estrategia de Washington es mantener tensiones diplomáticas entre Venezuela y Colombia. Aunque el anterior presidente colombiano, Álvaro Uribe, estaba alineado con la estrategia de Estados Unidos hacia Venezuela, Santos la rechazó e inmediatamente decidió mejorar las relaciones con Chávez.

El cambio drástico de Santos hacia Venezuela es interesante porque demuestra la importancia de la integración económica regional para promover la paz y estabilidad en la región. El intento por parte de Washington y Uribe, de expandir la presencia militar estadounidense en Colombia, provocó el corte de 2.3 mil millones de dólares en exportaciones colombianas a Venezuela. Venezuela también tiene relaciones cercanas con Brasil y la mayoría del resto de Suramérica, y todos estaban de acuerdo sobre el rechazo a la política exterior de Colombia.

Santos esencialmente tuvo que elegir entre ser un peón de Washington o ser parte de Suramérica. Y él eligió Suramérica. El papel clave lo jugó el comercio en este caso. Además, la decisión de Santos, de volver a formar parte de Suramérica, demuestra que los cambios geopolíticos liderados por los gobiernos de izquierda de la región incluso han influenciado a los gobiernos de la derecha.

Y ahora llega Washington exigiendo la extradición de Colombia del acusado narcotraficante venezolano Walid Makled a Estados Unidos. No gracias, dice el Presidente Santos, este tipo se va a Venezuela. Santos cita la ley colombiana, declarando que Colombia tiene vigente un tratado de extradición con Venezuela, no con Estados Unidos; Venezuela pidió la extradición primero y Makled es buscado por crímenes más serios (el asesinato) en Venezuela que en Estados Unidos (el narcotráfico). Todos estos hechos requieren legalmente la extradición de Makled a Venezuela.

Esto enfurece a Washington. Para entender por qué esto es tan importante, es necesario mirar más allá de las declaraciones oficiales sobre Makled. Venezuela tiene elecciones presidenciales el próximo año. Cada vez que hay elecciones en Venezuela, también hay una campaña mediática, con la participación del gobierno de Estados Unidos. Makled ya ofreció hablar sobre la supuesta corrupción de funcionarios venezolanos. Así que si tan sólo pudieran lograr que llegue a Miami, podrían tener un esplendido juicio propagandista que sería mucho mejor que cualquier campaña mediática organizada por el Departamento de Estado.

Pero Santos no está cooperando, a pesar de la enorme presión y por supuesto el pendiente tratado de “libre comercio” entre Estados Unidos y Colombia.

En todo caso, el gobierno de Obama está luchando una batalla perdida. La reciente gira de Obama por América Latina no fue más exitosa que las de Bush. Recibe mejor prensa, pero todos los presidentes y cancilleres pueden ver que las políticas de Estados Unidos no han cambiado nada.

 

 


 

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