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  • Edición impresa de Abril 19, 2011

Tan claro como el agua

Aunque una de las primeras cosas que aprendemos es la importancia del agua en nuestras vidas, como especie pareciera que nos esforzáramos decididamente en destruirla, en vez de esforzarnos por preservarla. Hace poco, el mundo celebró de nuevo el Día Internacional del Agua. El propósito fue llamar la atención sobre la importancia del agua e impulsar un manejo sostenible de los recursos hídricos.

Cuando, desde la comodidad de nuestro hogar, tenemos la fortuna de abrir el grifo y obtener las cantidades deseadas del preciado liquido, es difícil imaginar un mundo en el que no haya agua. Pues bien, miles de personas en el mundo sufren diariamente su ausencia y, si nos descuidamos más de lo que estamos, el panorama será muy desalentador para todos.

¿Cómo garantizar que el agua siga deslizándose hasta el grifo y supliendo nuestras necesidades diarias? Ese es un desafió que evidentemente requiere el compromiso de los gobiernos, las sociedades y los individuos. Pero también está el asunto de su pureza o potabilidad. El agua es potable cuando es apta para el consumo humano, lo que requiere todo un proceso de purificación que busca librarla de contaminantes orgánicos y minerales presentes en la naturaleza e incrementados por la acción del hombre.

Es bueno saber que se estima que para 2025 al menos tres mil millones de personas – algo así como la mitad de la población mundial actual - podrían padecer por la escasez de agua en todo el mundo.

Y aunque se diga que una sola golondrina no hace verano, el papel que jugamos como individuos sí es muy importante. Todos podemos hacer cambios pequeños que beneficien el medio ambiente y ayuden a preservar el agua.

Para empezar, a pesar del placer innegable e ineludible que representa el agua, podemos disminuir nuestro tiempo en la ducha y tal vez hasta seamos capaces de cerrar la llave mientras nos enjabonamos.

A la hora de lavarnos los dientes podemos también cerrar el grifo y evitar que el agua corra sin necesidad y olvidar la costumbre de usar el inodoro como papelera. Cada vez que descargamos el agua, se gastan en promedio de 9 a 10 litros de agua, así que es mejor tirar las colillas, los papeles y otros desechos en el basurero.

Debemos asegurarnos de que ningún grifo tenga un escape. El goteo de un grifo representa el despilfarro de unos 30 litros de agua al día, más de 10 mil litros al año.

Descongelar los alimentos poniéndolos debajo del chorro de agua no es un gesto muy amable con el planeta; podemos sacarlos con tiempo de la nevera y esperar a que se descongelen solos.

Las lavadoras de platos y de ropa hay que usarlas sólo cuando estén llenas y, si hay que lavar el carro, la mejor opción es la estación de lavado o “car wash”. Allí se gastarán en promedio 35 litros, muchos menos de los 500 que se gastan si se lava a punta de manguera.

Dicen que Leonardo Da Vinci decía que el agua es la sangre de la naturaleza. Yo digo que tenía razón, y que si seguimos desangrando el planeta, somos nosotros los que vamos a morir. Cada gota de agua que ahorras, es un regalo de vida para el planeta.

 


 

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