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  • Edición impresa de Abril 2, 2013

Sonia Sotomayor pinta un revelador autorretrato

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“Es imposible no reconocer que los vestigios de la discriminación toman mucho tiempo en borrarse”, dice en Mi mundo adorado Sonia Sotomayor, la primera hispana miembro de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos. En sus memorias, la jueza incluye reveladores pasajes sobre su infancia en un barrio pobre del Bronx en Nueva York y las dificultades que enfrentó para convertirse en una profesional en un ambiente plagado de racismo. Apenas una semana después de salir publicado, el libro se colocó al tope de las listas de los más vendidos.

El libro de Sotomayor no es la primera vez que un juez del Tribunal Supremo abre una ventana literaria hacia su vida personal. Clarence Thomas describió su experiencia con la pobreza, el racismo y la discriminación en El hijo de mi abuelo, y Sandra Day O’Connor escribió sobre su vida como una niña creciendo en un rancho de Arizona en sus memorias Lazy B.

Sin embargo, Sotomayor se atreve a pintar un autorretrato mucho más revelador que sus dos antecesores. En 335 páginas la jueza cuenta su infancia con un padre alcohólico y una madre que con frecuencia estaba ausente. Diagnosticada con diabetes desde una edad temprana, se orinaba en la cama, sufría de desmayos y a los nueve años tuvo que aprender a inyectarse dosis diarias de insulina.

Mi mundo adorado no se refiere a los más de tres años en que Sotomayor ha sido jueza de la Corte Suprema ni al día en que hizo historia en 2009 como la primera hispana y la tercera mujer en ser nombrada como uno de los nueve magistrados del Tribunal. En cambio, narra la historia de su ascenso de un hogar en el que se hablaba muy poco inglés hasta su entrada en servicio como juez federal en 1992.

La parte de su vida que describe en Mi mundo adorado que más llama la atención es en la que revive su entrada a la prestigiosa universidad de Princeton, mediante el programa destinado a equilibrar el número de estudiantes pertenecientes a minorías conocido como Acción Afirmativa.

“Había buitres volando en círculos, listos para lanzarse cuando tropezáramos”, escribe Sotomayor, pero agrega que el controversial programa abrió puertas a hispanos y afro-americanos a un tipo de educación con el que no se atrevían a soñar.

Sotomayor dice que escribió Mi mundo adorado para contar una buena historia. Pero su libro es mucho más: es una lección de vida de cómo se le puede sacar provecho a la adversidad y autodescubrirse en el proceso.

 


 

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