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  • Edición impresa de Abril 15, 2014

Ohio, la otra frontera

CLEVELAND, Ohio –  Cada martes en la noche un recinto en Painesville, Ohio, reúne inmigrantes con un denominador común: son protagonistas o daño colateral de la maquinaria de deportaciones del Gobierno.

El cuadro echa por tierra el argumento de que las deportaciones se centran en delincuentes, de que son reincidentes en cruces sin ningún lazo con Estados Unidos, o de que no se están separando familias.

Al conversar con varios de ellos, sus comentarios reflejan el sentir de la comunidad: no creen que haya posibilidades de reforma migratoria legislativa por ahora y esperan que el presidente Barack Obama los ampare, irónicamente, de las políticas de deportación de su propia administración.

Han dado por perdidos a los republicanos que bloquean la reforma en el Congreso. De ellos no parecen esperar nada y cuando buscan un responsable de su incertidumbre, no nombran a ningún republicano sino a Obama. La razón es muy sencilla. Basta escuchar a Leonor, indocumentada con 20 años viviendo en Estados Unidos, cuatro hijos ciudadanos y un esposo deportado hace tres años. “Los republicanos no prometieron reforma migratoria. Obama sí. Desde que él entró yo daba la vida por él. Y cuando la persona en que tú más crees que te va a ayudar es la que te defrauda, te duele más”, expresó la mujer, sobre quien pesa una orden de deportación.

Los ‘talking points’ que rigen en la burbuja washingtoniana se deshacen ante la realidad que viven estas familias. Su necesidad de alivio es inmediata y no pueden darse el lujo de esperar a otra elección o a que simulacros de presión surtan efecto. La figura a la que apelan es Obama.

Familias completas integradas por indocumentados, residentes permanentes y ciudadanos llenan el local donde la organización HOLA de Painesville provee orientación a quienes han perdido un familiar por las deportaciones o que están peleando la suya o la de otros.

La nutrida reunión semeja una especie de terapia grupal que sirve de catarsis.

A poco más de una hora de distancia, en Lorain, Ohio, otros inmigrantes viven situaciones similares. Allí también hay un capítulo de HOLA y otra organización de apoyo comunitario, El Centro, también los asiste.

Las deportaciones se han nutrido de las detenciones de inmigrantes radicados en pueblos y ciudades entre las dos instalaciones de la Patrulla Fronteriza en Port Clinton, Ohio, y Erie, Pennsylvania. La justificación central de su presencia es la frontera con Canadá. La realidad es que la Patrulla Fronteriza se beneficia de las colaboraciones con departamentos de policías locales que les entregan inmigrantes detenidos por infracciones menores de tránsito o cualquier excusa que les permita solicitar documentos.

“El reto real en Ohio es que tenemos tantos pequeños departamentos de policía y cada uno tiene su propia política y no entienden las leyes de inmigración.  Están deteniendo personas cuando van a trabajar o al mercado”, indica Verónica Dahlberg directora ejecutiva de HOLA Ohio.

El mensaje que envían todos es similar: alto a la separación familiar y permisos de trabajo si no hay reforma por ahora.

La potencial consecuencia política de esta crisis no debería caer en oídos sordos de los dos partidos. Los hijos de estos inmigrantes son ciudadanos, algunos ya son votantes y otros lo serán.

Guadalupe, indocumentada con 19 años de vivir en Ohio y con familiares votantes lo expresa bien: “(Obama) los está decepcionando. Se preguntan ‘si el próximo candidato demócrata viene y dice lo mismo y yo le doy el voto y pasa lo mismo, pues mejor no doy mi voto y ya’… La gente latina mejor no va a votar si sólo hacen promesas y no hacen nada”.


Un jefe de policía protector de indocumentados

CLEVELAND, Ohio – Para los indocumentados de Lorain, el jefe de policía de la ciudad, Cel Rivera, cayó del cielo.

Tanto la Patrulla Fronteriza (CBP) como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) habían extendido sus tentáculos en esta ciudad y recibían la colaboración de los policías de Lorain que les notificaban cuando detenían a algún conductor indocumentado por alguna infracción menor de tránsito.

Celestino Rivera, de origen puertorriqueño, desconocía que sus agentes hacían esto. El grupo comunitario HOLA Ohio asesoró y organizó a los inmigrantes, quienes invitaron a Rivera a una reunión en la Parroquia del Sagrado Corazón en Lorain.

“Escuché como nueve historias de cómo mis policías y otros policías del condado de Lorain los detuvieron por infracciones mínimas de tránsito y llamaron a ICE y a la Patrulla Fronteriza y terminaron en procesos de deportación, y me rompió el corazón oír esas historias. Fue muy emotivo. No dormí... Para las ocho de la mañana ya había escrito la orden de que mis agentes jamás llamarían a ICE o a la Patrulla Fronteriza. Ese no es nuestro trabajo. Dos semanas más tarde la orden se hizo permanente en nuestro manual”, narra Rivera.

Así se enteró de que la Patrulla Fronteriza había comenzado a acompañar a los policías locales de Lorain a los llamados que recibían. Esto fue hace siete meses y las reacciones no se hicieron esperar. Individuos y grupos han condenado la decisión de Rivera, quien recibió mensajes de odio que, afortunadamente, ignora.

“Lo otro que hice fue enviar nuestra nueva orden a otros departamentos de policía del condado de Lorain, aunque tengo que decir que no ha habido mucha recepción”, admite. “Hice una reunión con otros jefes de policía del condado e invité a HOLA para que los policías escucharan el lado humano de esta historia tratando de que adopten la misma política. Y, de hecho, la semana entrante tengo una reunión con la policía de Cleveland, donde también se están reportando estos casos y los inmigrantes tienen problemas”, continúa.

El héroe de esta historia ha recibido informes de que en Cleveland detienen inmigrantes por mínimas infracciones, “y de inmediato llaman a ICE que está ahí en minutos porque está dentro de la ciudad”.

Y ese es el problema. Los inmigrantes se sienten bastante aliviados en Lorain, pero cuando manejan en otras ciudades del condado y del estado existe el temor constante de ser detenidos por la Patrulla Fronteriza.

“Esto está pasando más y más no sólo en nuestro condado, sino en otros, en Cleveland (condado de Cuyahoga), en Painesville y Mentor, que es el condado Lake, donde son detenidos por triviales ofensas de tránsito. Son detenidos por una hora, hora y media, hasta que ICE venga por ellos y los llevan a instalaciones que están a tres, cuatro horas de distancia”, denuncia Rivera.

“Eso es lo que está pasando aquí y por eso me he involucrado en ayudar a los inmigrantes. Cuando menos sé que se sienten cómodos aquí en Lorain. Sé que antes estaban atemorizados de llamar a la policía cuando eran víctimas de delitos. Creo que los he llevado al nivel en que se sienten cómodos aquí en la ciudad, pero el problema es que no puedo protegerlos cuando salen de mi jurisdicción”, lamenta.

 

 


 

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