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  • Edición impresa de Abril 5, 2016.

infantil0416aÉrase una vez un hombre que tenía un asno que llevaba muchos años llevando sacos a un molino. Pero el pobre asno se iba haciendo viejo y perdía las fuerzas, de forma que ya apenas era útil. Así que el dueño pensó deshacerse de él. Pero el asno, sospechando lo que le esperaba, se marchó de la casa en dirección a Bremen. Allí, pensó, podría hacerse músico.

Tras haber caminado un buen rato, el asno se encontró con un perro de caza que iba jadeando como si hubiese echado una larga carrera.

— ¿Por qué jadeas así? -le preguntó el asno.

— ¡Ay! -respondió el perro-, porque soy viejo y, como cada día me encuentro más débil, apenas puedo cazar y mi amo ya no me quiere. Por eso me he marchado. Pero ¿cómo voy a ganarme ahora el sustento?

— ¿Sabes una cosa? -dijo el asno-. Yo me dirijo a Bremen porque quiero hacerme músico; ven conmigo y hazte músico también.

El perro aceptó y juntos prosiguieron el camino.

Al poco tiempo se encontraron con un gato con cara de pocos amigos.

— Dinos, ¿qué te ha pasado, amigo? -preguntó el asno-. No pareces muy alegre.

— ¿Cómo voy a estarlo, si mi vida peligra? Me estoy haciendo viejo y, como prefiero acurrucarme junto a la chimenea en lugar de cazar ratones, mi ama ya no me quiere. ¿Y ahora qué será de mí? ¿Adónde voy a ir?

— Vente con nosotros a Bremen, podrás hacerte músico, como nosotros.

El gato aceptó y se unió a ellos.

Los tres fugitivos pasaron por una granja en la que un gallo gritaba con todas sus fuerzas.

— ¿Quieres dejarnos sordos? -dijo el asno-. ¿Qué te ocurre?

— Es que aunque mi canto alegra los días, mañana mi ama tiene invitados y ha ordenado a la cocinera que me haga caldo, por eso grito desesperado con todas mis fuerzas.

— ¡Bueno, ¿Por qué no te vienes con nosotros a Bremen? Vamos a Bremen a hacernos músicos.

El gallo aceptó encantado y los cuatro prosiguieron su camino. Pero como no podían llegar a Bremen en un día, al caer el sol se detuvieron en un bosque y decidieron pasar allí la noche. El asno y el perro se echaron bajo un árbol, y el gato y el gallo se subieron a las ramas. El gallo miró no muy lejos, una pequeña luz. Llamó a sus amigos y el asno contestó:

— ¡Pues en marcha!

Se pusieron en camino guiados por aquella luz que cada vez se hacía mayor hasta que se encontraron ante una casa que no era otra cosa que la guarida de unos ladrones. El asno, que era el más alto de todos, se acercó a la ventana y echó un vistazo al interior.

—¿Qué es lo que ves? -preguntó el gallo.

—¿Que qué veo? -contestó el asno-. Veo una mesa repleta de exquisitos manjares y una pandilla de tipos con aspecto de ladrones.

— No nos vendría mal poder participar en el banquete -dijo el gallo.

— Tienes razón, pero ¿cómo? -preguntó el asno.

Se pusieron a platicar sobre el modo de librarse de los ladrones. El asno debía colocar sus patas delanteras sobre la ventana, el perro saltaría sobre el lomo del asno, el gato sobre el perro y finalmente el gallo levantaría el vuelo y se posaría en la cabeza del gato. Luego, comenzarían a cantar a coro. Y así, el asno mugiendo, el perro ladrando , el gato maullando y el gallo cacareando, entraron por la ventana y los ladrones, ante tal estruendo, se levantaron de la mesa atemorizados y huyeron de la casa para refugiarse en el bosque.

Los cuatro amigos se sentaron a la mesa y comieron y comieron. Cuando terminaron, apagaron las luces y buscaron acomodo. El asno se echó en el patio sobre un montón de paja, el perro detrás de la puerta, el gato junto al fogón de la cocina y el gallo en una percha.

Pasada la medianoche, y al ver los ladrones desde lejos que ya no había luz en la casa, el jefe de la banda dijo:

— No deberíamos habernos asustado tanto -Y mandó a uno a inspeccionar la casa.

Cuando llegó, el gato lo arañó, el perro lo mordió, el asno lo pateó y el gallo lo ensordeció.

El ladrón corrió con todas sus fuerzas y llegó al bosque casi sin aliento. Allí contó a sus compañeros lo sucedido y desde entonces, los ladrones no se atrevieron a volver nunca más a la casa.

En cambio a los cuatro amigos; el asno, el perro, el gato y el gallo, les gustó tanto la casa que decidieron quedarse a vivir en ella. Todavía son recordados como los Músicos de Bremen.

 

FIN

Cuento de los Hermanos Grimm

 

 

 


 

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