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  • Edición impresa de Abril 5, 2016.

Menos es más

Un tercio de los alimentos que se producen en el mundo cada año se pierde o acaba en la basura. Según el director general de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, se desperdician cerca de 1,300 millones de toneladas de alimentos para el consumo.

El ser humano ya no produce para satisfacer las necesidades de la gente, sino para satisfacer el modelo de consumo. A través del bombardeo mediático, nuestras necesidades se incrementaron y con ellas surgió un modelo que pone en peligro la vida de millones de especies, incluida el ser humano. Ahora, desarrollo no significa vivir mejor sino tener más.

En la casa más pobre puede faltar una cama pero jamás faltará un televisor. Millones de alimentos en la basura, ordenadores obsoletos cada año, móviles que se renuevan sin cesar, colecciones de ropa que cambian cada semana. Las cosas envejecen en un abrir y cerrar de ojos para ser reemplazadas por otras que correrán la misma suerte. En las noticias aparecen empresas de bolsa que suben y bajan, y nos preocupamos por la economía, no por las personas. Son nuestros hábitos de consumo. El derroche se ha convertido en derecho y privilegio de todos.

Se alcanzó un punto en el que se podrían enterrar ciudades enteras sólo con las cosas que no necesitamos. La costumbre amortiguó la sensibilidad y la ansiedad por comprar alimentó el sistema de consumo. La economía depende cada vez más de las enormes producciones de bienes.

En 1961 la humanidad consumía 2 tercios de los recursos naturales disponibles en el planeta, ahora se precisa más de un planeta y medio para abastecer dichas necesidades. La explotación de los recursos naturales que sostiene ese modelo, causó el cambio climático. La falsa creencia de que la destrucción del medio ambiente es un mal necesario para el desarrollo puede convertir gran parte de fauna y flora en recuerdos para la historia.

El modelo de desarrollo provocó una degradación medioambiental y social pero las acciones que pueden mejorar la vida del planeta están en las manos de todos. Existen otras maneras de hacer las cosas, el ser humano ni necesita ni vive para el sistema de desarrollo. Un consumo justo, solidario, responsable y adecuado con la naturaleza es posible. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales, decía el escritor Eduardo Galeano.

“Sólo después de que el último árbol sea cortado, sólo después de que el último río haya sido envenenado, sólo después de que el último pez haya sido atrapado, sólo entonces nos daremos cuenta de que el dinero no se puede comer”, cuenta la profecía india. Porque cada vez hay menos árboles, menos agua, menos vida y sin embargo el consumo aumenta. El medioambiente va más allá de pelear por los derechos de los animales, los bosques, los océanos o el efecto invernadero: es luchar por nosotros mismos, porque nosotros también somos medioambiente. Cada día es una oportunidad nueva de hacer mejor las cosas, ser mejor no es tener más sino necesitar menos.

 


 

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