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  • Edición impresa de Abril 17, 2018.

Es absolutamente válido que la política migratoria sea -como todos los grandes temas nacionales pendientes- objeto de un intenso, riguroso y hasta apasionado debate público entre actores políticos y sociales que pueden tener diferencias profundas pero legítimas sobre los principios, los medios y las metas. Lo mismo se puede aplicar a asignaturas como el control de armas, la reforma de salud o el aborto.

Pero lo que no vale es desencadenar una guerra de baja intensidad, como lo ha hecho el presidente Donald Trump contra los 690,000 beneficiarios de DACA, contra las personas con reclamos sinceros de refugio político y contra los menores de edad no acompañados que llegan a la frontera, a partir de la desinformación, el prejuicio o la mala fe, o todo lo anterior.

Notoriamente frustrado por la falta de dinero para su faraónico proyecto de muro fronterizo y por la separación de poderes que mantiene en un limbo su orden ejecutiva para terminar DACA, el Presidente apeló a los republicanos a usar la “opción nuclear” para aprobar una nueva legislación migratoria de línea dura, sin necesidad de apoyo demócrata.

La “opción nuclear” no es otra cosa que una metáfora belicosa usada en la jerga legislativa para permitir que la mayoría del Senado –en este caso los republicanos—puedan aprobar leyes con mayoría simple –51 votos--, ignorando a la minoría. La han usado ambos partidos en nominaciones, pero no en piezas legislativas sustantivas.

Más allá de la conveniencia política de recurrir a la “opción nuclear”, lo trágico es que el Presidente de los Estados Unidos lo ha hecho con base en datos erróneos y comentarios mal intencionados sobre DACA, sobre los migrantes que esperan alivio y sobre el papel que deben jugar gobiernos foráneos en la contención de flujos migratorios.

El mandatario acusó a los demócratas de abandonar DACA a pesar de que fue él personalmente quien buscó acabar con el programa, retractándose de su promesa de lograr una salida generosa (dos fallos judiciales mantienen DACA vivo por ahora). Sostuvo que los migrantes buscan cruzar la frontera para beneficiarse de DACA, cuando es imposible para aquellos que no estuvieron en el país antes de 2007. La lista de imprecisiones es larga.

La presidenta de la fracción hispana de la Cámara de Representantes, Michelle Luján Grisham, acusó a Trump de mentir y de propagar el tipo de desinformación que alienta las actitudes xenofóbicas en un país donde no hace falta abrir heridas sino sanar las ya existentes.

En cualquier caso, sea por mala fe o ignorancia, la insistencia en pisotear a un grupo de personas en posición de vulnerabilidad no puede irse por la libre. Tiene que tener un costo político y el 2018 es un año electoral.

 


 

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