Nuevamente está aquí la primavera y de nuevo el calendario en los Estados Unidos se llena de actividades. Hay muchas celebraciones y festivales, Ya no hay conver-sación sobre la guerra y pronto, la mayoría de los soldados volverán. Para otros, sin embargo, la guerra contra la violencia cultural y económica solo ha comenzado.

Los medios de comunicación dejarán de mostrar escenas de bombas y sangre, y así, la gente girará hacia otras atracciones de los medios comunicativos, olvidando la realidad de la guerra para pueblos y ciudades devastadas por las acciones pasadas.

Usualmente, los actos de violencia se realizán en otros países, por lo tanto, aquí en Estados Unidos no hay que hacer recons-trucción de ciudades ni enfrentar la invasion cultural de otra nación. La gente en Irak tendrá que enterrar a sus muertos, limpiar el lugar y buscar la forma de sobrevivir.

La acumulación de riqueza en las manos de unos pocos continuará en todo el mundo, y los pobres seguirán amasando insatis-facción, dolor y desolación. Durante la guerra, al igual que anters de ella, sus voces no fueron escuchadas. Serán escuchados ahora? Creo que no.

A fin de ser escuchado, ellos tienen que hablar el lenguaje y la lógica del conquistador; eso es lo que en la mayoría de los casos, los pobres no tienen. Ellos tienen que hablar a través de mediadores, que después de corto tiempo se asimilan a la cultura extranjera olvidando de donde provienen y dándole la espalda a su propia gente.

De otra parte, las armas son fabricadas por corporaciones, pero mucho del costo es aportado por el dinero de los contribuyentes estadinenses. Además, el gobierno de USA es el promotor más grande de la venta de armas a otros países y a través de sus Departamentos de Defensa, Estado y Comercio, tiene cerca de 6,000 empleados, que gastan cerca de $400 millones anuales para promover la exportación de armas. Esta condición también continúa como el polo opuesto de la ecuación.

Y donde están los hacedores de paz? Si no se ha perdido el impulso, continuarán tratando de apagar incendios, pero sin llegar al centro del problema económico que alimenta la situación de guerra y violencia.

Una vez más la resistencia de los pueblos del mundo tiene que ser confiada. Ellos llevan la historia que no se convierte en películas o novelas, pero que se pasa de generación en generación, en música, historias y arte.

Por lo tanto, celebremos la diversidad mientras exista. Celebremos la fortaleza cultural de lugares lejanos y esperemos que ellos puedan pasar sus tradiciones en medio de un Mercado global que desea una multitud homogénea a quien venderle sus productos. Esperemos que esa globali-zación no siga tragándose los pueblos, las lenguas y las tradiciones.