Por: José Emilio Cruz Luna

Teotihuacán

El máximo esplendor de Teotihuacán, la ciudad de los dioses, data de la época clásica prehispánica (100 años AC a 900años DC). Sus 40 kilómetros cuadrados muestran una perfecta técnica constructiva.

Una ciudad como Teotihuacán es el resultado de una sociedad evolucionada, tanto en su organización social como política y religiosa, disfrutando de una economía suficientemente fuerte para sostener a sacerdotes, constructores, pintores, escultores, ceramistas, etcétera.

En un valle semiárido del altiplano central rodeado de cerros, a unos 2000 metros sobre el nivel del mar, fue construida la ciudad más grande de todas las culturas prehispánicas. Teotihuacán tuvo un largo desarrollo, iniciado desde unos 200 años antes de Cristo con la construcción de una pirámide pequeña, la cual se encuentra debajo de la del Sol.

La calle de los muertos es el eje de la ciudad; tiene dos y medio kilómetros de largo y cuarenta metros de ancho. Su parte norte está cerrada por el conjunto de la plaza de la Luna. Al sur, alineada con la pirámide del Sol, se encuentra la plaza de la ciudadela con cuatrocientos metros por lado. Esta construcción fue la culminación arquitectónica de la gran ciudad.

Las exploraciones más recientes (1980­1982) revelaron construcciones que servían de habitaciones a los sacerdotes y gobernantes. Su construcción más antigua es la pirámide de Quetzalcóatl más tarde cubierta por otra.

En su segunda etapa, Teotihuacán cubría una extensión de casi veinte kilómetros cuadrados y según cálculos tuvo entre veinticinco y treinta mil habitantes.

Su majestuosa pirámide del Sol está compuesta por cinco cuerpos notablemente inclinados, mide 222 por 225 metros de base y 63 metros de altura, es una de las más altas de la época y da orientación a toda la ciudad. Su posición está escogida de acuerdo al Sol y en el solsticio de primavera la luz solar cae perpendicularmente sobre el centro de la construcción.