Nuevo presidente argentino enfrentará serios problemas de gobierno

Nuevo Néstor Kirchner resultó electo como presidente de Argentina ante la renuncia de su competidor Carlos Menem, pero deberá conquistar con su gestión una legitimidad que no pudo conseguir en las urnas al quedar sin efecto la segunda vuelta electoral del pasado domingo.

La Constitución dispone que ante el retiro de una de las dos candidaturas presidenciales que pasan a la segunda vuelta, la restante se convierte, en forma automática, en la fórmula ganadora.

Pero el gobernador de la austral provincia de Santa Cruz y amplio favorito para la segunda vuelta, no cuenta —por obra del retiro de Menem— con la legitimidad que le hubiera conferido un categórico pronunciamiento de los votantes.

Kirchner tiene que afrontar ahora los retos de un país que debe renegociar su abultada deuda externa, reducir la pobreza y el desempleo y poner en marcha la colapsada actividad económica, que apenas ha comenzado a dar signos de reactivación.

Además, deberá cumplir con la promesa de renovar las dirigencias partidarias, un reclamo central de las protestas que estallaron en diciembre de 2001, sintetizado en la consigna ”que se vayan todos”.

El gobernador de Santa Cruz puso énfasis en que no será presa de las corporaciones. ”Mis convicciones no se quedarán a las puertas de la Casa Rosada”, dijo, en referencia a la sede del gobierno argentino.