¡Agua!

Por Ignacio Ramonet

Con ocasión del Día Mundial del Agua, se acaba de celebrar en Ginebra un foro alternativo internacional sobre el mal reparto del agua dulce en el planeta. Se recordó que más de mil millones de personas viven sin agua potable y que el consumo de agua de mala calidad causa más de tres millones de muertos cada año. O sea, más de ocho mil personas a diario, o como lo declaró Gorbachov: «El agua contaminada mata, cada día, tanto como treinta grandes aviones 747 que se estrellasen».

El agua será motivo de tensiones sociales y económicas que podrían ser gravísimas y hasta generar guerras. África del Norte y Oriente Próximo son las regiones más afectadas. Según las proyecciones de los expertos, la disponibilidad de agua per cápita habrá disminuido un 80% en un periodo equivalente a la duración de una vida humana. Entre 1960 y el 2025, habrá pasado de 3.450 metros cúbicos por persona a 667.

Las amenazas que pesan sobre las aguas dulces son, en primer lugar, el desvío de los ríos para la irrigación que provoca la desecación de las regiones situadas en la parte inferior del cauce. En segundo lugar, la construcción de presas y embalses, sea para el regadío o la producción hidroeléctrica, anega regiones enteras, perturba las migraciones de los peces y puede provocar inundaciones río abajo. A su vez, éstas son causadas por la deforestación, que llena los ríos de tierra y troncos de madera.

Otro importante tema de preocupación: los vertidos relacionados con la agricultura y la industria, así como con la falta de tratamiento de las aguas residuales. El Danubio, por poner un solo ejemplo, es víctima de numerosos atentados ecológicos, especialmente en Alemania, donde tiene su origen.

La Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992 y la conferencia mundial sobre el clima celebrada en Berlín en abril de 1995 ratificaron la idea de que el mercado no está en condiciones de responder a las amenazas globales que pesan sobre el agua potable. Y el Protocolo de Kioto, firmado en noviembre de 1997, así como la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible celebrada en Johannesburgo, del 26 de agosto al 4 de septiembre del 2002, mostraron que el efecto invernadero podría tener consecuencias catastróficas a largo plazo sobre los recursos hídricos del planeta. Por eso la ONU ha lanzado su nuevo eslogan para el próximo decenio: «Agua para la vida, agua para todos».