De Oaxaca a Babel

México del Norte • Jorge Mújica Murias

De rato en rato, es nuestra obligación darle seguimiento a algunas de las historias y denuncias que hacemos en México del Norte. Esta es una de ellas.

Probablemente nuestros lectores recuerden la historia del juez Barry Tatum, del Condado de Wilson, en Tennessee, que en octubre le ordenó aprender inglés en seis meses a una indígena mixteca oaxaqueña, bajo la amenaza de que si no lo hacía, perdería sus derechos maternales.

Era el caso de Felipa Barrera, cuya hija de 11 años le había sido retirada del hogar por sospechas de negligencia, y el juez ordenaba, textualmente, que “La Corte le informa específicamente a la madre que si ella no hace el esfuerzo de aprender inglés, correrá el riesgo de perder todo contacto -legalmente, moralmente o físicamente- con su hija para siempre”. La información fue proporcionada por el abogado de Felipa, Jerry González.

La orden de la corte continuaba así: “Si la madre es capaz de aprender inglés, será capaz de hablar con su hija por primera vez de manera sustantiva y mostrará que la ama y que es capaz de hacer lo que sea necesario para hacer contacto con ella”.

El plazo fatal de seis meses llegó, y la joven Felipa todavía no habla inglés, pero tampoco perdió sus derechos, gracias a una apelación a la Corte del Circuito.

Pero no se emocione nuestro lector. El caso de Barrera no era el primero, ni el único en que el juez daba una orden similar.

La segunda orden del juez Tatum fue contra Victoria Luna, de 18 años, dada en enero, y que además iba acompañada de la orden de usar anticonceptivos. La hija de Victoria, de 3 años, le fue retirada por el Departamento de Servicios Infantiles por sospechas de negligencia. Luna estuvo bajo supervisión de la Corte durante tres meses, según su abogada, Julie Rowland.

Aquí si llega el momento de emocionarse: El último lunes de abril, Tatum restauró la custodia legal de Luna sobre su hija, y eliminó la obligación de usar anticonceptivos.

Ai lov iu, m’ija

Pero el caso de Barrera continúa, y la controversia también. En enero, al dar la segunda orden, el juez dijo en Corte que “estaba tratando de evitar una situación como la de la Torre de Babel”, reportó el diario the Lebanon Democrat.

Posiblemente el juez Tatum sepa algo de leyes, aunque todo el mundo ha coincidido en que no es mucho, porque las órdenes de aprender inglés bajo amenaza de perder los derechos parentales no es muy constitucional. Pero de lo que no sabe nada es de religión.

Obviamente se refería al Capítulo 11 del Génesis, donde Dios castiga la arrogancia del hombre por tratar de construir una torre que llegue al cielo. El juez de allá arriba decide “confundir el lenguaje” de los humanos, “para que no entiendan lo que habla el otro”.

Para el abogado de Barrera, ni vivimos en una teocracia bíblica. “El juez no jura obedecer la Biblia, sino la Constitución”, dice. Para nosotros, el juez ni siquiera leyó bien el libro, porque ahí dice claramente que los humanos hablamos diferentes idiomas por orden divina.

Visto así, si al juez le preocupa tanto el precepto divino, bien podría ordenarle a todo el mundo que aprenda otro idioma, para cumplir la orden celestial.

Según el Lebanon Democrat, aunque no pudo cumplir sus amenazas, Tatum insiste en que en el caso de las niñas, “se trata de ciudadanas americanas que están en riesgo de perder muchas oportunidades si no se asimilan a la cultura”. Más allá del idioma, explicando por qué no se puede expresar amor más que en inglés, el juez cae en otra peor: la única “cultura” es la que se expresa en inglés. Los mexicanos somos, según el razonamiento, incultos.

Y para rematar, concluye el juez: “Tengo que hacer todo lo que pueda para ver que un niño se desarrolle de la manera más normal posible”.

Brillante conclusión. Para expresar amor, hay que hacerlo en inglés. Para ser culto, hay que asimilarse al inglés. Y para ser normal, hay que vivir en inglés.

Afortunadamente, el abogado Jerry González sigue peleando el caso de Felipa, y opina que la orden es “escandalosamente inconstitucional. Es una violación a todas la reglas juveniles, a todo estatuto y a la constitución, de cualquier forma en que se vea”.