Durante la transición del feudalismo a un modo de relaciones sociales y económicas modernas, Europa decidió salir de aquellos que les estorbaban, colocándolos en cárceles o manicomios. La gente que ya no se ajustaba a ningún grupo aceptable eran colocados fuera de la sociedad regular. Las prostitutas, los mendigos, la gente pobre y sin vivienda se convirtieron en una amenaza para la sociedad y fueron considerados como no aptos para la nueva sociedad productiva.

Hoy en día, parece que la sociedad esta decidiendo un nuevo enfoque hacia todos aquellos que no se ajustan a las normas declinantes de nuestra muy ocupada nueva sociedad.

Las tensiones que hoy en día enfrenta la gente son una compleja mezcla de problemas relacionados con finanzas, relaciones familiares, salud e incluso, la búsqueda por una vida con sentido, en los países más afluentes o la lucha por la supervivencia en los no desarrollados. Aunque aun en medio de las sociedades afluentes la lucha por la supervivencia y significado se hacen cada vez más difíciles, las tensiones sociales subyacentes continúan aumentando.

Los medios de comunicación, los videos e incluso la música alimentan a la gente joven con imágenes de éxito rápido y dinero fácil, donde la violencia y los comportamientos violentos han sido elegantizados y se muestran como un símbolo de poder y reconocimiento.

Los problemas que aparecen en nuestros pueblos y ciudades son también el producto de quiénes somos y la sociedad en la que nos hemos convertido. El materialismo y el estar muy ocupados se han tomado nuestras vidas y ya no se piensa en otros, ni siquiera en nuestros seres más cercanos.

En el caso de la actividad de las pandillas, podemos escoger trabajar como comunidad en forma creativa para enfatizar la prevención e intervención, lo cual conlleva a estar vinculado a algunas de los recursos que ya existen, tales como los programas para jóvenes, grupos juveniles de iglesia y clubes, o crear algunos nuevos en colaboración con los padres, escuelas y los jóvenes mismos. Esto implica invertir dinero y recursos en educación, entrenamiento y posibilidades de empleo.

De otra parte, podemos escoger construir más cárceles y correccionales juveniles para “sacar” a aquellos que no se ‘ajustan’. Si esta es la selección, podemos terminar con más cárceles que escuelas. Debemos darnos cuenta que cada niño tiene valor, y que ellos pueden salir adelante si podemos extender nuestro amor y cuidado para abrazar a aquellos que son diferentes.

Amar no implica ser permisivo, sino que incluye estar dispuestos a escuchar, pensar las cosas y poder reconocer que parte del cambio que esperamos de otros puede empezar con nosotros mismos.

Sería una tremenda tragedia si una vez más en la historia decidimos eliminar a los que no entendemos o no nos gustan, en lugar de tratar de reconocer nuestra parte en lo que está ocurriendo.

Esta lección de reconocimiento y cambio es necesaria hoy en día, no solo para resolver nuestros problemas locales, sino también para darnos cuenta de la violencia y muerte que nuestra forma de vida está creando fuera del país.

La rebelión y el odio no crecen en el vacío; ellos son el producto de la ignorancia, la injusticia y la indiferencia.