México del Norte • Jorge Mújica Murias

Unos esclavosÉ

La CIA, Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, hizo un rimbombante anuncio la semana pasada: 16 mil indocumentados mexicanos y centroamericanos fueron traídos a Estados Unidos para someterlos a esclavitud sexual y laboral, solamente en 2004.

No es para menos; 16 mil son un “chorro” de personas en un año. Estaba difícil no darse cuenta.

El anuncio lo hizo Lou DeBaca, consejero especial para Litigios de Derechos Civiles del Departamento de Justicia, en una reunión con periodistas mexicanos.

Ahí agregó que desmantelaron una banda de tratantes de seres humanos que operaba en Tenancingo, Tlaxcala (México), que forzaba a mujeres migrantes a la prostitución en Nueva Jersey y los barrios de Queens y Brooklyn, en Nueva York.

El Consejero agrega que Estados Unidos ni siquiera tiene el número real de casos de esclavitud, porque no hay denuncias de las víctimas.

“A un grupo de mujeres se les mantuvo como concubinas de los líderes de una banda”, relata DeBaca. “Tenían que cocinar, hacer labores de limpieza y en las noches eran violadas por estos traficantes o se las daban a sus lugartenientes como premio por haber realizado un buen trabajo. Se trata de personas que estaban como rehenes o esclavos”.

“No voltees. Eres un idiota. Yo soy tu familia. Acuérdate que aquí no tienes familia”. Así reporta un padre mexicano que le decían a su hijo en Estados Unidos. “Recuerda que aquí no tienes madre pinche mexicano sucio”. El joven mexicano, de nombre Jesús, se levantó ante el insulto y solamente consiguió un puñetazo en la cara. Poco después, le rompieron una pierna y aunque el joven lo denunció la carta no llegó a sus padres.

En este caso no se trataba de un migrante indocumentado, sino de Jesús Suárez, joven mexicano muerto en Irak al pisar una bomba estadounidense. El insultante trato era parte del entrenamiento en el Ejército de Estados unidos, era la “disciplina” castrense. La carta de Jesús denunciando los abusos en su entrenamiento fue interceptada por el ejército y solamente llegó a sus padres después de su muerte. Quien lo golpeó, lo insultó y le rompió la pierna era su instructor de los Marines de Infantería.

Un día antes de morir Jesús, el 26 de marzo de 2003, Estados Unidos arrojó 20 mil bombas de racimo contra escuelas y hospitales iraquíes. Unas 4 mil explotaron y 16 mil quedaron activas.

“El ejército mintió diciendo que Jesús murió de un balazo en la cabeza”, dice Fernando Suárez del Solar, “pero cuando fui (a Irak) en diciembre de 2003 me di cuenta de todo: ¿Cómo es posible que hayan desatado una guerra porque supuestamente Irak tenía armas ilegales y mi hijo murió precisamente por una bomba racimo, arma prohibida por la Convención de Ginebra?”.

A la mejor el lector está pensando ¿qué tiene que ver lo primero con lo segundo?, ¿la esclavitud con el servicio militar en Estados Unidos? Ahí va la respuesta: “Son carne de cañón”, dice don Fernando, quien rechazó la nacionalidad gringa postmortem que le ofrecieron los Marines. “Los tienen en la condición de esclavitud”, continúa. “Humillan a diario a 17 mil 461 mexicanos en las fuerzas regulares del vecino país”.

Como quien dice, ahí hay un dato exacto para el señor DeBaca. Y no solamente son más que los esclavizados para trabajar, sino que además los pueden encontrar rapidito. Nomás hay que preguntarle al ejército gringo en dónde los tiene.