Condenados a la sed

Por:Alberto Sierra

La próxima guerra mundial será por el agua. La explosión demográfica y la deficiente explotación de los recursos hídricos son las principales causas de una crisis mundial que se producirá, según la Asociación Mundial del Agua (GWP), a partir de 2025.

En el mundo viven hoy 6,200 millones de personas, 4,000 millones más que hace 50 años. Según la ONU, en el año 2050 habrá entre 8,000 y 12,000 millones de habitantes. Una de las incógnitas que plantea el crecimiento mundial de población es saber si habrá suficiente agua para todos en un futuro. Emilio Gabrielli, secretario ejecutivo de la GWP, advirtió del riesgo que supone la escasez de agua en el mundo y de que la lucha por controlar este recurso podría desatar una nueva guerra mundial. El razonamiento de la GWP, organismo patrocinado por el Banco Mundial (BM) entre otros, se basa en que el uso irracional del agua y el aumento de población provocarán una gran depresión y una severa crisis que se verá acentuada a partir del año 2025. Para Gabrielli “el agua es un bien no sólo social para vivir, sino fundamentalmente económico. Es verdad que todos tienen derecho al agua, pero no es gratis, tiene un costo”.

A pesar de que el agua constituye tres cuartas partes de la superficie del planeta, sólo hay un 3% de agua dulce en el planeta. Aún así, hay agua potable en abundancia para todos. La cantidad que se puede dedicar al consumo humano es de 43,000 kilómetros cúbicos de media anual, y el consumo humano total es de 6,000 kilómetros cúbicos por año. No se trata de un problema de escasez, sino del mal reparto.

Compañías como Nestlé o Coca-cola, que han creado un poderoso mercado del agua cuyo valor se estima en unos 100,000 millones de dólares, ven como el BM y el FMI favorecen la privatización del “oro azul”.

Diferente es el caso de otras regiones que poseen grandes recursos de agua dulce. En América Latina o Asia Central, donde las lluvias son abundantes, millones de personas no tienen acceso a redes seguras de agua potable y sus gobiernos, asfixiados por deudas impagables, no pueden invertir en mejorarlas.

Es tarea de la sociedad civil exigir a los gobiernos que administren y gestionen los recursos disponibles mediante el diálogo, la cooperación y la solidaridad. Por mucho que las multinacionales y los organismos que controlan el sistema se empeñen en tratar el agua como “oro azul”. No tiene sentido pensar en conflictos mundiales por un bien que es sinónimo de vida.