POEMA

Desde que el primer hijo -en noche de tortura-

se desprendió de ti como un brazo viviente,

la carne se te ha hecho una fruta madura

y el amor como un pan se te ve y se te siente.

 

Tus mejillas se han vuelto suaves como pañales,

la voz se te ha llenado de ternuras y almohadas,

palpitan en tus ojos dos tiernos animales

y son como dos sombras tus manos sosegadas...

 

Jorge Debravo