Los colores del debate...los colores del país

Por Luisa Fernanda Montero

Mientras el debate migratorio continúa en el limbo ­se espera que el senado lo reanude en los próximos días­ ya se habla de un evento magno el 19 de mayo, día en el que la alianza que promovió el pasado “día sin inmigrantes’, planea realizar una gran marcha rumbo a Washington.

La  pregunta obligada es si realmente los inmigrantes  están  enviando el mensaje correcto, y cuál ha de ser  el impacto que ese mensaje tenga en el seno del congreso donde deberá decidirse el destino de los más de 12 millones de inmigrantes indocumentados que viven y trabajan en este país.

Los promotores del polémico boicot del pasado primero de mayo coinciden en afirmar que el efecto de la ausencia de miles de inmigrantes en sus plazas de trabajo fue contundente, mientras otros aseguran que el anunciado evento no pasó de ser una manifestación más en la que los inmigrantes retransmitieron su mensaje, en la búsqueda de una reforma migratoria integral.

Aquellos que no simpatizan con la comunidad inmigrante, encontraron en el boicot la excusa perfecta para acusar a los participantes de antiestadounidenses y acusarlos de “morder la mano que les da de comer”.

Hay quienes, como el conocido presentador de CNN Lou Dobbs, quien se ha caracterizado por manejar una agenda expresamente antinmigrante en su espacio nocturno, alaba la proliferación de marchas y eventos pro inmigrantes, porque asegura que pone de manifiesto un problema nacional que “hay que resolver” y que el hecho de que los inmigrantes “salgan de las sombras” ha ayudado a la opinión pública norteamericana a abordar y empezar a entender un asunto que según él debería estar en la palestra desde hace mucho tiempo.

Así que como dice el viejo y popular adagio: “nadie sabe para quien trabaja”, lo cierto es que la comunidad inmigrante es real, tiene cuerpo, alma y color; para muchos es el ingrediente principal de la antipatía que genera, pero como ha quedado claro, por lo menos en el foro académico, quiérase o no, esta ahí.

El fenómeno migratorio o el desplazamiento de mano de obra deben empezar a verse como una realidad del tiempo que vivimos. La migración ha sido parte de la historia de los pueblos por milenios como lo recordaron en días pasados los cancilleres centro y sur americanos reunidos en Washington.

Mientras los gobernantes de los países exportadores de emigrantes no asuman sus responsabilidades sociales y generen oportunidades laborales dignas y equitativas el fenómeno migratorio seguirá siendo una realidad en naciones que, como ésta, mantienen una demanda de trabajo permanente.

Más allá de la legalización de los trabajadores de las sombras, miles de estudiantes indocumentados esperan un lugar en las filas de la educación superior.

¿Que sigue? Ahora es cuando la comunidad inmigrante debe demostrar coherencia, debe trabajar con ahínco para unificar la voz de sus líderes y evitar confrontaciones inútiles como las que tuvieron lugar en Washington, en donde la división e incoherencia de los activistas y líderes comunitarios en torno al boicot programado para el primero de mayo generó caos y descontento en una comunidad confundida, que no encontró un alineamiento claro a la hora de actuar.

 No tenemos derecho a desperdiciar este momento, no tenemos derecho a ceder a intereses mezquinos cuando lo que está en juego es el destino de millones de seres humanos y la construcción de un país que, aunque muchos quieran ignorarlo, está cambiando de color.

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