• México del Norte •
Trabajadores de todos los países, ¡marchad!
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Por Jorge Mújica Murias

Por Jorge Mújica Murias

Y marchamos. Al menos en Chicago, marchamos como nos gusta. De todos en montón, y cuando digo “montón” quiero decir eso, de a muchos, de a un “chorratal”.

La que los medios de comunicación terminaron por llamar “La Marcha de la Unidad” efectivamente unió a muchos, a cientos de miles, y se llevó el “Campeonato Nacional de las Marchas de 2007”.

Los Ángeles, Dallas, Austin, Atlanta, San Diego, Detroit y otras docenas de ciudades se unificaron el 1º de Mayo, y cada quien salió y marchó como mejor pudo, pero en ninguna de estas urbes hubo la cantidad de gente que en Chicago recuperó la histórica fecha.

Será porque en Chicago se inició aquella famosa (en todo el mundo menos allí), lucha por las ocho horas de trabajo, o será porque los activistas en esta capital de México del Norte decidieron pelearse menos entre ellos que con los responsables del fracasado sistema de Inmigración que tiene Estados Unidos. Pero algo funcionó. O será que las autoridades decidieron pelearse más con la raza en Chicago una semana antes de la marcha, con su operativo semimilitar en el Mega Malla de La Villita.

En su infinita falta de “inteligencia”, la Migra nos hizo un favor tremendo. Las fotos de un chango de unos 2 metros de altura con un rifle M-16 en las manos convencieron a 100 mil personas en Chicago a marchar el 1º de Mayo. Los otros ya estaban convencidos desde antes.

Durante la marcha, como siempre, como en 2005, como en 2006 y ahora, hubo saldo blanco. No arrestos, no provocaciones, no golpes. Ha sido típico del movimiento.

Policías del mundo, ¡golpead!

Pero Los Ángeles, Califas, no es Illinois. Allá en la segunda ciudad del mundo con más mexicanos, el saldo final no fue blanco. Allá si hubo broncas.

Los que no hayan visto el video no se han perdido de mucho. Nomás acuérdense de Oaxaca, o de Rodney King o de las marchas de Luther King, que empezaban con canciones de resistencia y terminaban entre insultos y ladridos (del lado de la Policía), y con lamentos y llanto (del lado de los manifestantes).

Preocupa. Porque no es la primera vez que las autoridades dan una respuesta violenta a un movimiento pacífico. Porque la raza tiende a responder quemando casas y asaltando tiendas. Porque parece que la negociación de una reforma migratoria no es política, sino que tiene que darse con marchas por un lado y trompadas por el otro, en vez de darse en una mesa con argumentos razonables por los dos lados. Porque históricamente la autoridad tiende a golpear precisamente cuando no está dispuesta a negociar nada, eso querría decir que no hay posibilidad de hablar de la reforma migratoria... Es preocupante también porque la violencia está tomando las calles en vez de las marchas pacíficas. Pero también es preocupante porque dentro del liderazgo de esta corriente no parece haber respuestas coordinadas. De hecho, en Los Ángeles hubo tres marchas por la incapacidad de las dirigencias locales de ponerse de acuerdo.

Sume usted una actitud torpe de Inmigración y del FBI en el operativo de La Villita, redadas en 20 estados del país en diferentes centros de trabajo, golpizas angelinas, incapacidad del Congreso para discutir el tema migratorio, ignorancia en una buena parte del público sobre la realidad de la inmigración, vigilantes Minutemen en la frontera y una dirección del movimiento migrante con falta de madurez y visión política; el resultado, una bomba.

Y las bombas, tarde o temprano, estallanÉ