El hambre, arma de destrucción masiva

José Carlos García Fajardo / CCS

¿A quién beneficia esta alarma desatada por la subida de los precios de los cereales que recogieron algunas bolsas de valores? Algunos poderosos están agitando el fantasma del hambre para aterrorizar a las poblaciones e intentar justificar las propuestas de seguridad que nos preparan. El hambre, sostienen, es la auténtica arma de destrucción masiva.

Las agencias nos informan que la erradicación o el exterminio físico de los grupos étnicos hostiles a los gobiernos autoritarios no requieren de alta tecnología. En Sudán, por ejemplo, el uso de mercenarios para quemar las aldeas, destrozar las cosechas y las reservas de comida ha precipitado a más de un millón de personas al exilio.

El hambre es un mal endémico que venimos padeciendo y manteniendo por no adoptar medidas enérgicas, justas y adecuadas. No es extraño que se les eche la culpa del hambre a los hambrientos, argumentando que destruyen los bosques, se empeñan en sostener cultivos de subsistencia, etc.

En esta “puesta en escena”, cadenas de alimentación que pertenecen al gigante Wal Mart y Costco decidieron restringir la venta de arroz a sus clientes mayoristas. Con esta absurda medida, en el país más rico los precios en la Bolsa de Chicago llegarán a subir cerca del 3%. En Tailandia el arroz alcanzó su precio récord: 1,000 dólares por tonelada. En Brasil las grandes compañías que inciden en las especulaciones mediante acaparamiento, retenciones o lanzamiento masivo para desestabilizar los precios ya suspendieron las exportaciones.

La directora del programa de alimentos de la ONU, J. Sheeran, ha declarado que  la ayuda alimentaria que proporcionan les cuesta un 40% más que en el pasado, porque casi todos los productos se han encarecido. Como causas de esta situación aludió a las nuevas necesidades de alimentación en China o India, los biocombustibles y el precio del petróleo. El gran volumen de inversiones en los mercados de materias primas contribuye al alza de los precios en las bolsas.

Pero el hambre no es una fatalidad, ni un destino, ni tampoco una cuestión de azar. No es el designio de los millones de personas que pasan hambre, como tampoco es una casualidad que el 97% de ellos vivan en países empobrecidos.

Se ha reconocido por organismos independientes, como Acción contra el Hambre, que el problema tiene solución con actividades relacionadas con la nutrición, la salud, la seguridad alimentaria, el agua y saneamiento.

En ocasiones todavía se piensa que el hambre es fruto de la superpoblación, de una mala gestión política, de la escasez de alimentos, de infraestructuras insuficientes o de un desastre ecológico. Hoy el hambre es un arma empleada por algunos gobiernos para eliminar grupos molestos de población dentro de su propio país, escribe Mariló Hidalgo en Fusión. Han convertido al hambre en un arma de guerra aquellos que han hecho del beneficio económico y de la prepotencia financiera el eje y objeto de sus acciones. Como si el mundo fuera un tapete en el que los seres humanos no juegan más que el papel de datos que se mueven o eliminan según las sacrosantas leyes de un mercado que sólo sirve a sus intereses.