• México del Norte •
Es la Ley...

Por: Jorge Mújica Murias

Por: Jorge Mújica Murias

Al Cónsul de México en Chicago, Manuel Rodríguez, le parece que hay que cumplir la ley porque es la ley y punto. Así lo expresó por radio hace unos días, cuando le preguntamos por qué se expedían las llamadas “Declaratorias de Nacionalidad Mexicana por Nacimiento”.

La controversia surge de un contrasentido burocrático establecido por diversas leyes que sirven de marco para explotar inmigrantes y compatriotas desprevenidos.

Empecemos por el principio. Hace muchos años la Constitución mexicana establecía que la nacionalidad mexicana se perdía al adquirir otra nacionalidad. Durante mucho tiempo peleamos por la doble nacionalidad, y logramos que se abriera un trámite llamado “de recuperación de la nacionalidad”, que había que solicitar en un plazo de 5 años que se cumplía el 20 de marzo de 2003, y que beneficiaría a unos 5 millones de mexicanos.

Ante la inacción oficial, la falta de promoción del plazo y demás, millones de compatriotas estaban a punto de ser estadounidenses para siempre. Antes de cumplirse el plazo fatal, logramos la ampliación por cinco años más.

Ya con calma, conseguimos una reforma constitucional que dejó el texto actualmente vigente, que dice: “Ningún mexicano por nacimiento podrá ser privado de su nacionalidad”. Si algo no se pierde, creo yo, tampoco se puede recuperar.

Sin embargo, la Ley de Nacionalidad dice, en su Artículo 40: “Los mexicanos que por cualquier causa hayan perdido su nacionalidad, para entrar al país o para seguir residiendo en él, deberán cumplir con lo que la Ley establece para los extranjeros”.

Ante esto, los compatriotas desprevenidos terminan por tramitar un papel inútil, la tal “Declaratoria de Nacionalidad Mexicana por Nacimiento”.

Es fraude…

Yo creo que no es Ley, sino fraude; es vender un papel inútil. De hecho, el Reglamento de la Ley General de Población dice que a “los mexicanos y mexicanas que se internen al país únicamente se les exigirá la comprobación de su nacionalidad”.

Más aún: la Ley de Nacionalidad dice que “son documentos probatorios de la nacionalidad mexicana, cualquiera de los siguientes: I. El acta de nacimiento… II. El certificado de nacionalidad mexicana, el cual se expedirá a petición de parte, exclusivamente para los efectos de los artículos 16 y 17 de esta Ley; III. La carta de naturalización; IV. El pasaporte; V. La cédula de identidad ciudadana; y VI. La matrícula consular…”. No se menciona nunca esta “Declaratoria”.

El artículo16 dice: “Los mexicanos por nacimiento a los que otro Estado considere como sus nacionales, deberán presentar el certificado de nacionalidad mexicana, cuando pretendan acceder al ejercicio de algún cargo o función para el que se requiera ser mexicano por nacimiento y que no adquieran otra nacionalidad. Al efecto, las autoridades correspondientes deberán exigir a los interesados la presentación de dicho certificado. En el caso de que durante el desempeño del cargo o función adquieran otra nacionalidad, cesarán inmediatamente en sus funciones”.

Esto significa que algunos cargos públicos, como la presidencia de la República, por ejemplo, están reservados a los mexicanos por nacimiento que no tengan otra nacionalidad, de manera que los compatriotas que quieran ser presidentes sí deben hacer el trámite. Fuera de ellos, nadie necesitaría la tal Declaración.

La Ley de Nacionalidad dice que el Certificado de nacionalidad es un “Instrumento jurídico por el cual se reconoce la nacionalidad mexicana por nacimiento y que no se ha adquirido otra nacionalidad”. Entiéndase que quienes adquirieron otra nacionalidad no podrían obtenerlo.

En resumen, nadie debe andar vendiendo nada especial para acreditarle la nacionalidad a los nacidos en México. Hacerlo debe considerarse fraude y punto, aunque sea “la ley”.