Biocombustibles, crimen contra la humanidad

Por José Carlos García Fajardo/ CCS

Los gobernantes han desoído las señales que anunciaban la actual crisis alimentaria. Ahora se dedican a buscar justificaciones en lugar de tomar medidas contra los especuladores y detener la producción de biocombustibles. Nosotros, los países ricos de Europa y de América, somos responsables de una estrategia desastrosa en la que participaron el Banco Mundial, el FMI y la OMC, atentos sólo a sus intereses.

El portavoz de la ONU, Jean Ziegler, señaló que la producción de biocombustibles es “un crimen contra la humanidad”, y que la responsabilidad es de las “políticas aberrantes” del Fondo Monetario Internacional (FMI), que fomenta el desarrollo de cultivos de exportación en detrimento de las “agriculturas de subsistencia”. Asimismo, calificó de auténtica tragedia el aumento del precio de los alimentos y demandó fondos suplementarios para frenar el hambre. Debido a la situación actual pidió una moratoria de cinco años para los polémicos biocombustibles.

Ziegler acusó también a la OMC de mantener una política totalmente contraria a los intereses de los pueblos víctimas del hambre. En días pasados lanzó una llamada a todos los donantes del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU para que incrementen sus ayudas, puesto que las subidas de precios han provocado una caída del poder adquisitivo del 40%.

Los países empobrecidos optan por la agricultura de exportación porque necesitan divisas para poder pagar sus deudas y seguir los dictados aberrantes del FMI, explicó Ziegler. El sociólogo aboga por leyes más duras, en particular en lo referente a la comercialización de materias primas: “Hay que regular las Bolsas de manera que los especuladores pierdan sus ganas de especular”, dijo.

También subrayó que la transformación masiva de cultivos en biocombustibles ha provocado la escalada de precios de productos básicos esenciales para la supervivencia de millones de personas.

Según datos de la FAO, en el último año el trigo se ha encarecido un 130%, el arroz un 74%, la soya un 87% y el maíz un 53%. Ziegler puso de manifiesto que, si en Europa una familia dedica un 10% de su presupuesto a la alimentación, en el mundo en desarrollo esa proporción puede llegar al 90%.

Afirmó que las revueltas del hambre que han tenido lugar ya en 37 países se intensificarán, y el número de personas afectadas por la malnutrición se incrementará en los próximos cinco o seis años.

Ante los tardíos esfuerzos del Secretario de la ONU, Ban Ki-Moon, reunido con los directivos de las 27 agencias para elaborar un plan de batalla ante la crisis, Ziegler no cree que la ONU disponga de medios adecuados y urgentes para enfrentarse a las multinacionales que controlan la producción de biocombustibles. Estamos ante un caso aterrador de especulación criminal y de políticas aberrantes de los organismos internacionales.