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  • Edición impresa de Mayo 1, 2012

¿Qué hace un campesino sin arado ni fertilizantes químicos? Ahorrar, responden los agricultores estadounidenses que, como Mike Starkey de Indiana (norte), no aran más sus campos y han reducido el uso de fertilizantes obteniendo un suelo revitalizado. ¿Un milagro? No, una técnica que podría allanar el camino para una agricultura intensiva más barata y más respetuosa del medio ambiente.

Arar presenta ventajas inmediatas: el suelo se airea, se recuperan nutrientes, se eliminan malas hierbas. Sin embargo, cualquier agricultor sabe que cada vez que se ara se erosiona el suelo y se mata una parte de la riqueza biológica. Para Starkey y miles de agricultores en el norte de Estados Unidos, la agricultura de conservación permite reconstruir el “capital de nutrientes” de tierras convertidas en dependientes de los fertilizantes.

La revolución, iniciada hace una veintena de años, se apoya en tres pilares: la siembra directa sin labranza, los cultivos de cobertura y la rotación de cultivos. En el otoño Starkey siembra las plantas de cobertura en sus campos. Al igual que una alfombra, éstas protegen de la erosión mientras sus raíces se entierran varios metros y se convierten en “trampas de nitratos”.

Durante el invierno, estas leguminosas capturan y almacenan el nitrógeno atmosférico en los nódulos unidos a sus raíces, bajo la forma de nitrato. Luego, basta un palazo para encontrar estos granos de abono naturales y gratuitos. En primavera, justo antes de la siembra, es necesario apenas un rocío de herbicida.

“Cuando se mata a las plantas, los nódulos se vuelven tanques de nitrógeno que se descomponen mucho más lentamente que los fertilizantes”, explicó Barry Fisher, fanático de esta práctica, del Departamento de Agricultura del estado de Indiana. “Son como cápsulas de nitrógeno que alimentan de a pequeñas cucharadas a las futuras plantas de maíz”.

Los nitratos derramados para fertilizar tienen la mala costumbre de filtrarse a las capas subterráneas después de una lluvia fuerte. Gracias a los cultivos de cobertura, su utilización es reducida. Para sembrar, un tractor excava un surco, inyecta semillas y cierra el orificio en un mismo movimiento. Así, el maíz se nutrirá de la descomposición de los restos de las plantas de la temporada anterior y de las plantas de cobertura. A la hora de los rendimientos, el agricultor puede ganar si se ajusta bien a los tres pilares del sistema.

El estado de Indiana está a la vanguardia, pero en el total del país ya 35% de los cultivos son sin labranza, de acuerdo con el Departamento de Agricultura estadounidense, de los cuales 50% son de soja. Para fomentar la transición, el gobierno federal subsidia hasta un 50% de la inversión para la compra de cultivos de cobertura y equipos especiales para plantar.

 

 


 

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