Inicio

elpuentecolumnas

  • Edición impresa de Mayo 15, 2012

Las dos facetas más olvidadas del concepto holístico de salud son la salud mental y la salud social. Resulta difícil imaginar un estado de completo bienestar físico sin un adecuado equilibrio emocional o unas condiciones socioeconómicas estables. Como en el aspecto físico, la atención de la salud mental y social consta de tareas preventivas, de promoción de la salud y rehabilitadoras tras la enfermedad. A diferencia de la faceta asistencial, aquí somos nosotros los principales agentes sanadores, y tenemos en nuestra mano cuidarnos y ayudar a cuidar a los que nos rodean.

Quizá lo que más sorprende de la crisis actual es el estado generalizado de miedo que se respira. Es difícil encontrar el ánimo necesario para emprender un proceso de cambio desde este ambiente opresivo. Los problemas que nos asfixian son reales, individuales, personales. Deudas, enfermedades, precariedad laboral... o hambre. Crear situaciones de necesidad extrema es la mejor forma de conseguir que el individuo no tenga tiempo para descubrir por sí mismo como salir de su propia depresión vital. Sin embargo, aun en estas circunstancias es posible encontrar un motivo para sonreír, y una sonrisa es el mejor punto de partida hacia un nuevo futuro.

Si por un momento dejamos de atender el huracán que ruge sobre nuestras cabezas, y bajamos la vista hacia nuestro alrededor, veremos un nuevo ángulo de la situación. Uno, dos, diez... decenas de personas asustadas como nosotros, abrazadas a sus más allegados, mirando arriba esperando que amaine el temporal, tan cercanas físicamente como alejadas mentalmente; tan aterradas por sus miedos individuales como anestesiadas a los miedos ajenos; tan conscientes de su propia debilidad como ignorantes de la fuerza que tienen en conjunto.

No es ahí fuera donde está la solución a nuestros problemas, sino a nuestro alrededor. El bono soberano no vendrá a comprarle la barra de pan a nuestro vecino, ni la balanza de pagos le hará un descuento para los libros de sus hijos. No será el presidente del Fondo Monetario Internacional el que nos sonría cada mañana, ni sus besos los que nos dirán ‘buenas noches’ antes de dormir. No son ellos, sino nosotros, los que levantaremos de nuevo este mundo extraño que compartimos. No serán ellos, sino nosotros, los que uniremos nuestro tenue soplido al de los que nos rodean para crear el vendaval que disipe este ambiente ominoso que nos abruma.

No es nada fácil empezar de nuevo. Pero nada que merezca la pena lo es, ¿no? Desde conquistar al que amamos, hasta labrarnos un futuro o criar a nuestros hijos, pasando por tratar de alcanzar los hermosos lugares que aparecen en nuestros sueños. En este difícil momento es más fácil comenzar a andar si nos apoyamos entre nosotros. Todos tenemos algo que ofrecer, pequeño, pero único; algo que los demás aprecian, y que los anima a emprender sus propios caminos. Haciendo pan, conduciendo un autobús escolar o limpiando alcantarillas podemos crear ese momento de alegría que alguien necesita para emprender algo grande que nos beneficiará a todos.

 


 

I Inicio I Locales I Internacionales I Nacionales I Columnas I Entretenimiento I Deportes I Clasificados I Publicidad I Escríbanos I Conózcanos I English Section I Advertise I Contact us I Archivo I Enlaces I

 

El Puente, LLC. ©

Locales
Internacionales
Nacionales
Columnas
Entretenimiento
Deportes
Clasificados
Conózcanos
Escríbanos
Publicidad
English Section
Advertise
Contact us
Archivo
Enlaces
Inicio Locales Internacionales Nacionales Columnas Entretenimiento Deportes Clasificados Conózcanos Escríbanos Publicidad English Section Advertise Contact us Archivo Enlaces