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  • Edición impresa de Mayo 15, 2012

México del Norte • ¡Al fin ciudadanos!

Dicen que todas las luchas tienen un principio, y en teoría también un fin. En el caso de los derechos políticos de los mexicanos en el exterior, dice la leyenda relatada por Arturo Santamaría, paisanólogo que se gana todo mi respeto porque por lo menos tuvo la decencia de cruzarse alguna vez la frontera por en medio de los surcos, la lucha comenzó en 1928, cuando un grupo de mexicanos de Los Ángeles armó tremendo pancho para poder votar desde esa ciudad.

No lo lograron, por supuesto, porque querían votar por José Vasconcelos, candidato opositor al Partido Nacional Revolucionario, versión todavía más antediluviana y dinosáurica de lo que hoy es el Partido Revolucionario Institucional, y en contra del candidato oficial Álvaro Obregón.

Ya en tiempos modernos, la lucha la retomó allá por el año 1980, precisamente ahí en Los Ángeles, una bola de organizaciones de mexicanos al firmar la Carta de los Derechos de los Trabajadores Migrantes, donde se establecía claritamente el derecho a votar desde el extranjero.

Algunos años después, en 1994, la retomamos aquí en Chicago después de que al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas le pareció buena la idea. En ese año, con tremendo esfuerzo ciudadano, abrimos una docena de casillas donde los mexicanos podían votar nomás con decir que eran mexicanos. Sacamos, si no me falla la memoria, 3,200 votos. En 2000 lo volvimos a hacer, con 42 casillas, en las que recibimos poco más de 10 mil votos.

De hecho, en los dos países seguimos fregados. De este lado no nos dan más que el camino pa’ nuestra casa, y mientras no regresemos, de allá no recibimos mucho más.

En 2006, además de la marchas, ya no hicimos nuestro famoso “ejercicio ciudadano” porque ya había voto desde el exterior para los mexicanos. Cortesía del PRI y el PAN, México recuperó algunos ciudadanos.

Apenas 54,000 mexicanos en el exterior mandaron ese año su solicitud de registro en el padrón electoral del IFE, para votar por presidente desde el extranjero. El IFE tuvo a bien rechazar a 14,000 de ellos, yo entre ellos, por quién-sabe-qué problema con la papelería. De los aceptados, unos 40,000, solamente 30,000 votaron, de los cuales 28,000 lo hicieron desde Estados Unidos.

Este año, el IFE recibió un total de 61,687 solicitudes de registro desde más de 100 países, un mísero aumento de 5,000 comparados con 2006. Aún no se sabe a cuántos hayan rechazado, aunque un sistema de corrección de errores debe reducir el porcentaje de casi 20% en 2006.

Por supuesto, sigue siendo un voto mocho y ciego. Es mocho porque solamente permite votar y no ser votado, solamente por presidente y no por otras autoridades. Es mocho porque aún no se puede sacar una credencial del IFE en el exterior. De hecho, negarnos la credencial es una forma de negarnos la ciudadanía, porque solamente el ejercicio del voto nos hace ser ciudadanos. De otra forma solamente somos “nacionales” de un país, pero no ciudadanos. Y es voto ciego porque el paquete trae las plataformas de los partidos, pero absolutamente insuficientes, y sigue estando prohibido hacer campaña en el exterior.

Como quiera que sea, suponiendo que mi voto por Andrés Manuel López Obrador se cuente el primero de julio, ese día volveré a ser ciudadano mexicano.

 


 

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