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  • Edición impresa de Mayo 7, 2013

Ajedrez de la reforma: ¿Quién dará el jaque mate?

WASHINGTON, D. C. – El actual debate migratorio no sólo puede resultar en la primera reforma de nuestras leyes de inmigración en casi 30 años sino que paralelamente expone la lucha interna republicana por su propia reforma: entre quienes quieren rescatar al Partido Republicano de la irrelevancia a nivel federal, y quienes permanecen aferrados al pasado.

Marco Rubio, senador republicano de Florida e integrante del Grupo de los Ocho, ha emergido como líder central en los dos intentos: el de aprobar la reforma migratoria y el de transformar un Partido Republicano que tiene que atraer minorías para sobrevivir políticamente y la reforma migratoria le ofrece esa posibilidad.

De no ser así, ni Rubio ni otros republicanos estarían arriesgando el pellejo para tratar de impulsar una reforma migratoria favorecida por los votantes estadounidenses en general y por los votantes latinos en particular, pero rechazada por un sector ultraconservador.

Figuras ultraconservadoras que movilizan a la base, como el locutor Rush Limbaugh, cuestionan la estrategia republicana argumentando que los votantes latinos, sobre todo los futuros potenciales votantes hispanos que puedan resultar de un plan de legalización bajo la reforma migratoria, apoyarán a los demócratas y no a los republicanos.

Pero figuras como Rubio y el senador republicano de Arizona, John McCain, parecen ser de la postura de que quien no arriesga no gana y aunque quizá inicialmente sean los demócratas los más beneficiados, eso no implica que los republicanos no puedan competir efectivamente por el botín electoral latino.

Ahora que el debate migratorio arrancó y en una semana comienza el proceso de deliberación y enmiendas al plan del Grupo de los Ocho en el Comité Judicial del Senado, la lucha por votos republicanos no será fácil. En el panel Judicial y en el Senado se han demarcado claras divisiones entre los republicanos que apoyan la reforma, ya sea por convicción o porque la ven como la tabla de salvación del partido en su lucha por el voto latino, y los acérrimos opositores que nunca la apoyarán.

Aunque, no serán sorprendentes los intentos de retrasar el proceso legislativo o de tratar de matar el proyecto mediante enmiendas venenosas.

En la Cámara Baja, donde todavía no se presenta el plan de un grupo bipartidista de congresistas, el pasado jueves el presidente del Comité Judicial, Bob Goodlatte (R-VA), anunció que se considerarán proyectos migratorios individuales en una estrategia que puede tener dos interpretaciones: adelantarse a la presentación de un plan bipartidista y proponer medidas individuales con el fin de dilatar el proceso y descarrilar la reforma; o –y sólo si le damos el beneficio de la duda– permitir el debate de medidas de interés para los sectores más conservadores en tanto se busca apoyo para un plan migratorio bipartidista

Es en la Cámara Baja donde la lucha interna republicana es más evidente y donde el liderazgo republicano será puesto a prueba.

En este juego de ajedrez, la reforma migratoria y la reforma del Partido Republicano se mueven paralelamente tratando de impedir que los antiinmigrantes las descarrilen a las dos. ¿Quién dará el jaque mate?

 

 


 

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