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  • Edición impresa de Mayo 21, 2013

Agradecimiento

Es admirable la capacidad de las personas con síndrome de Down para agradecer aquello que tienen. Lo más sencillo, lo más normal, es para ellos fuente de alegría. Con su actitud y su sonrisa, saben dar gracias por todo lo cotidiano, aquello que los demás no valoramos ni vemos.

Un mecanismo automático de nuestro cerebro nos lleva a querer siempre lo que no tenemos. Es lógico: lo que ya tengo no lo puedo querer, porque ya lo poseo. Nuestra mente insaciable busca siempre nuevas metas, nuevos logros, nuevos objetivos, nuevas conquistas, nuevas adquisiciones y olvida aquello de lo que ya disfruta. El secreto de la felicidad está en saber agradecer lo que poseemos, que es mucho y muy valioso.

La felicidad consiste en querer lo que se tiene, no en tener lo que se quiere. Contentarse con lo que uno es y con lo que uno tiene es sinónimo de satisfacción vital. Y quien acepta y asimila esta máxima nunca necesitará nada ni se sentirá insatisfecho. La gente es infeliz porque no sabe que es feliz, porque no sabe agradecer lo que le han dado.

Las personas con síndrome de Down nos enseñan que es posible sorprenderse ante el milagro de lo cotidiano en un mundo en el que solamente lo excepcional llama la atención y en el que se necesitan hechos extravagantes o catastróficos para que alguien se detenga a contemplarlos.

Ellas nos enseñan paciencia en un mundo que rinde pleitesía a la velocidad. Nos enseñan constancia en un mundo que premia la superficialidad y la tarea rápida. Nos enseñan tranquilidad en un mundo prisionero del reloj. Nos enseñan amor desinteresado en un mundo de intereses. Nos enseñan a vivir el ahora en un mundo preso del ayer y del mañana. Nos enseñan amor por la vida en un mundo violento y agresivo. Nos enseñan entusiasmo por lo natural en un mundo en el que todos están de vuelta de todo y lo saben todo. Nos enseñan a estar pendientes de los sentimientos de los demás en un mundo en el que cada uno va a lo suyo. Nos enseñan a valorar los pequeños logros en un mundo en el que solamente unos pocos, los mejores, los número uno, son valorados y admirados. Nos enseñan a agradecer en un mundo permanentemente insatisfecho.

 

 


 

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