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  • Edición impresa de Mayo 21, 2013

La Columna Vertebral

Llega el Alzheimer

Una de las cosas más difíciles que tenemos que aceptar como hijos es que nuestros padres envejecen. Caminar a su lado y percibir que sus pasos ya no son tan rápidos ni seguros, duele.

Cada quien enfrenta esta realidad como mejor puede. Algunos, suelen, como mecanismo de defensa tal vez, negarse a la realidad. Pero al final, hay una cosa clara: tarde o temprano tendremos que enfrentarla. Y es que ver el decaimiento de nuestros seres queridos es muy duro.

Una de las sorpresas más angustiosas y desafiantes que vienen con la edad es el Alzheimer. En Estados Unidos, según los Centros de Control de Enfermedades (CDC), más de cinco millones de personas lo padecen y es una de las causas principales de muerte entre adultos mayores. Sin embargo, es común que escuchemos hablar del Alzheimer sin tener idea de lo que es.

El Alzheimer es una enfermedad y la forma más común de demencia presente entre los adultos mayores; afecta partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje y puede interferir seriamente en la capacidad del individuo para realizar las actividades diarias. Aunque cada vez los científicos aprenden más sobre el modo en que actúa esta enfermedad, aún no sabemos exactamente qué la genera, pero es claro que la edad es un factor de riesgo determinante y que la historia familiar también cuenta.

Al parecer, además de la genética, la educación, la dieta y el entorno pueden jugar un papel importante. Cada vez hay más evidencia de que algunos factores de riesgo de enfermedades cardiacas, como la presión arterial alta, el colesterol alto y los bajos niveles de folato, pueden también aumentar el riesgo de padecer Alzheimer. Además, la evidencia de que las actividades sociales, físicas e intelectuales pueden ayudar a prevenirlo, van en aumento. Y, claro, como ocurre con la mayoría de padecimientos, la detección temprana ayuda mucho. Hay que prestar atención a las señales de alerta: las fallas de la memoria.

Si bien es cierto que a todos se nos olvida algo en algún momento, y a veces en más momentos de los que quisiéramos, hay cosas que no se olvidan, cuando ellos empiecen a olvidarlas reiterativamente, hay que prender las alarmas. Las personas que padecen esta enfermedad, pueden empezar a olvidar, por ejemplo, los caminos recorridos y comunes de su cotidianidad y las formas de realizar ciertas tareas u oficios a los que estaban acostumbrados.

Es claro que cada individuo es un mundo distinto, como lo es cada familia. Pero a la primera señal la familia debe hacerse cargo. ¿Quién será la persona encargada de cuidar permanentemente al enfermo, quién reemplazará a esta persona cuando deba ocuparse de otros asuntos?¿Qué podemos hacer para darle calidad de vida? ¿Tendrá acceso a un buen tratamiento médico? ¿Cómo se enfrentarán los gastos?

Muchos preferimos cerrar los ojos pues enfrentar la realidad de esta o cualquier enfermedad no es fácil. Pero hay que hacerlo, hay que tener un plan familiar que garantice el bienestar del enfermo y la armonía del hogar. Caminemos a su lado, informémonos, conozcamos las opciones y busquemos la mejor asesoría que tengamos a nuestro alcance. Hagámonos cargo ahora, antes de que sea demasiado tarde.

 

 

 


 

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