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  • Edición impresa de Mayo 20, 2014

La Columna Vertebral • Adolescentes, hispanas y madres

Sano y necesario es recordar -a propósito del Día de la Madre- que este año miles de adolescentes hispanas celebraron esa fecha, no con sus madres, sino con sus propios hijos.

Las cifras de los Centros de Control de Enfermedades publicadas recientemente revelan que los nacimientos de bebés hijos de adolescentes en los Estados Unidos han disminuido durante los últimos 20 años. A pesar de eso, más de 86,000 adolescentes de entre 15 y 17 años dieron a luz en el 2012.

El conteo no deja bien libradas a las adolescentes hispanas, que alcanzan las tasas de natalidad más altas.

El asunto es preocupante si se piensa que el embarazo y la maternidad a tan temprana edad interrumpen el ciclo educativo de las madres y afectan la sana continuidad de su desarrollo porque -como lo deja claro el CDC- tener un bebé en la adolescencia se ha relacionado con mayores riesgos médicos y con altos costos emocionales, sociales y financieros.

Está claro que el tema es muy sensible porque involucra muchos aspectos juntos. Entre los principales están la educación en el hogar, la responsabilidad de los padres o educadores o el control de la natalidad; pero además los tabúes, las culpas y los miedos que giran en torno al asunto de la sexualidad.

Lo cierto es que aún nos queda mucho camino por recorrer como sociedad para garantizar que nuestros hijos no se vean obligados a interrumpir su adolescencia para convertirse en padres prematuros.

Los Centros de Control de Enfermedades revelan que cerca de 8 de cada 10 muchachas adolescentes (83%) no recibieron educación sexual antes de haber tenido su primera relación sexual.

Para empezar, es fundamental entender que la vida sexual –gústenos o no- en la mayoría de las veces se inicia en la adolescencia.

Como padres debemos entonces tener una comunicación abierta, seria, realista y amorosa con nuestros hijos; una comunicación que no deje espacios en blanco y que no sea impositiva, porque está demostrado que los regímenes tipo “te prohíbo” no funcionan.

La conversación debe incluir los aspectos relacionados con la salud emocional del adolescente, que deberá entender las implicaciones de iniciar una vida sexual activa y, por supuesto, todo lo relacionado con los métodos anticonceptivos.

El asunto de las enfermedades de trasmisión sexual no puede dejarse de lado. Es necesario, por tanto, asegurarnos de que nuestros jóvenes entiendan la importancia del uso del condón en la prevención de embarazos y enfermedades de transmisión sexual como el sida.

La decisión de su hijo o su hija de iniciar una vida sexual activa a temprana edad estará directamente relacionada con lo que ha aprendido en casa, con los valores, principios y conceptos de vida que han acompañado su crecimiento.

Cada familia tiene los suyos. El papel de los padres es, por lo tanto, determinante a la hora de guiar a sus hijos en la toma de decisiones saludables sobre sus relaciones y su sexualidad porque lo que está en juego es su futuro.

Nuestros jóvenes tienen derecho a tener la información adecuada para que su vida ocurra en los tiempos indicados.

 


 

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